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Educación pública
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Javier Milei
Financiamiento
Recortes
Las universidades públicas argentinas, que han sido parte del orgullo y la mitología nacional durante mucho tiempo, atraviesan la peor crisis de financiamiento desde el retorno a la democracia, hace más de cuatro décadas. La mayoría de los docentes tiene sueldos por debajo de la línea de pobreza, algunas facultades ya no pueden pagar los servicios básicos, y la disputa abierta con el gobierno de Javier Milei pone a todo el sistema ante una incertidumbre inédita. En este episodio hablamos con Nicolás Arata, investigador e historiador de la educación, para entender cómo la universidad pública se convirtió en un pilar de movilidad social, de producción de conocimiento y construcción democrática del país. Y por qué el conflicto actual trasciende la discusión por el presupuesto y pone en juego algo mucho más esencial: el valor de lo público y la idea de un proyecto colectivo.
Créditos:
-
Producción
Jesús Delgadillo -
Edición
Daniela Cruzat, Eliezer Budasoff -
Verificación de datos
Bruno Scelza -
Producción digital
Samantha Proaño, Franklin Villavicencio, Diego Corzo -
Diseño de sonido y mezcla
Elías González -
Música
Elías González, Rémy Lozano -
Tema musical
Pauchi Sasaki -
Fotografía
Getty Images / Luis Robayo
Transcripciones:
Transcripción:
Archivo audio, Ambiente protestas.
Audio de archivo, Consignas estudiantes: Hoy se toma el colegio, hoy se toma el colegio.
Audio de archivo, Presentador, América TV: El conflicto es inédito. En los 40 años de democracia nunca un gobierno había recortado deliberadamente tanto el presupuesto de las universidades públicas.
Audio de archivo, Protesta: Hoy, nuestros compañeros docentes, no alcanza el salario, tienen pluriempleo, tienen un taxi o venden cosas.
Audio de archivo, Eduardo Feinmann: ¿Vos sos una de las famosas anticapitalistas?
Estudiante de letras: Así es. Anticapitalista y defensora de la universidad pública del derecho a los estudiantes a tener un futuro. Del derecho a la juventud de tener un planeta que no lo destruya este sistema.
Feinmann: Para educarse hace falta estudiar.
Estudiante de letras: Hace falta estudiar y también hace falta luchar, porque tenemos docentes que cobran salarios de miseria por los cuales no pueden venir a dar clase. Entonces no podemos estudiar cuando tenemos una facultad llena de ratas donde no tenemos bancos. Los pibes nos quemamos las pestañas estudiando en la pantallita del celular. ¿Sabes lo que es estudiar una carrera universitaria desde la pantalla de un celular?
Archivo audio, Ambiente protestas.
Audio de archivo, Pablo Alabarces, Radio con Vos: A la privada van los ricos y a la pública no van los ricos. Van algunos ricos, no te quepa ninguna duda, ¿por qué van? Porque no son salames y saben que la mejor universidad es la universidad pública.
Eliezer: Bienvenidos a El hilo, un podcast de Radio Ambulante Studios. Soy Eliezer Budasoff.
Las universidades públicas de Argentina no saben si van a poder empezar las clases el próximo cuatrimestre. De hecho, todavía no saben cómo van a cerrar el primer tramo del año, que está terminando en medio de paros y protestas, porque el sistema atraviesa la mayor asfixia económica que ha sufrido desde el retorno a la democracia, hace más de cuarenta años.
El presupuesto ha caído a niveles históricos; más del 80 por ciento de los docentes tienen salarios por debajo de la línea de pobreza; y la universidad pública más grande del país ya ha tenido que reducir al máximo el uso de la luz, la calefacción y los elevadores por falta de recursos.
En principio, el problema es que el gobierno de Javier Milei se ha negado a cumplir con una ley que lo obliga a mantener el financiamiento de las universidades. En el fondo, lo que está en juego es un desprecio por lo público que el presidente nunca ha disimulado. En uno de sus primeros discursos, en el inicio de clases de la escuela donde hizo la secundaria, Milei le dijo a los alumnos que la educación pública era un mecanismo para de lavado de cerebros.
El sistema de educación universitaria estatal en Argentina tiene miles de problemas y tiene más de dos millones y medio de estudiantes porque sigue siendo gratuito, sin restricciones, y mantiene una calidad reconocida a nivel internacional. Ha sido parte del orgullo y de la mitología nacional durante mucho tiempo, y también ha sido blanco del ataque de distintos gobiernos, desde la represión de las dictaduras hasta los intentos de privatización y los recortes que ha sufrido desde los años noventa.
Los ataques a la universidad pública siempre han desatado un repudio masivo. Pero ahora, la pelea por defender un derecho adquirido enfrenta también un espíritu de época que excede las fronteras argentinas, uno que reniega de la idea misma de lo colectivo. Milei es un ejemplo en bruto de un discurso que busca convencer a millones de personas de que cualquier mejora en la vida de otros que nacieron en peores condiciones es algo que les han quitado a ellos.
En este episodio hablamos con Nicolás Arata, doctor en educación y profesor de historia de la educación argentina y latinoamericana, para tratar de traducir qué significa el acceso a la universidad para la sociedad argentina, por qué se habla de una crisis existencial del sistema, y cuál es la pelea de fondo detrás del conflicto por el financiamiento universitario.
Es 5 de junio de 2026.
Hacemos una pausa y volvemos con la entrevista.
Nicolás, en los últimos dos años el recorte a las universidades públicas en Argentina ha sido el motor de algunas de las movilizaciones más masivas contra el gobierno de Javier Milei.
Archivo audio, presentadora, Agencia EFE: Pancartas, banderas y cánticos llenaron las calles de Buenos Aires.
Archivo audio, presentadora, El Tiempo: Bajo la consigna “Milei, cumplí la ley”, estudiantes y docentes colmaron la Plaza de Mayo frente a la casa de gobierno.
Archivo audio, presentadora, El Espectador: Para exigir mayores fondos y protestar contra el ajuste presupuestario que ha golpeado con dureza la educación superior.
Eliezer: Pero Milei ha hecho recortes en varias áreas que afectan a una gran cantidad de gente, más allá de la educación: en jubilaciones y planes sociales, en subsidios a la energía y el transporte ha recortado de forma dramática la obra pública. Como nosotros tenemos una audiencia de toda América Latina, nos gustaría, si puedes explicar primero qué lugar ocupa la universidad pública en el imaginario social argentino, ¿no? ¿Qué representa para la sociedad este modelo de acceso a la educación superior? Porque consigue interpelar todavía a tanta gente en una época de tanta apatía, ¿no?
Nicolás Arata: Yo creo que interpela a la sociedad en su conjunto, porque la sociedad en su conjunto o buena parte de ella, para no generalizar excesivamente, ve a la universidad como parte del derecho a la educación. Es decir, la sociedad argentina ve a la universidad, no como un lugar de pocos o de privilegiados o de algunos elegidos. Recordemos que en la historia larga la universidad ha sido una fábrica de élites, es decir, no ha nacido como institución en un sentido masivo, popular, mucho menos. Pero lo cierto es que las sucesivas transformaciones que han tenido lugar a lo largo del siglo XX y en lo que va del siglo XXI, le ha abierto la puerta a sectores sociales que históricamente, no habían ingresado a la universidad. Entonces creo que, en definitiva, la gente sale a la calle porque defiende lo que siente como propio, defiende algo que es parte de sus derechos y defiende algo, que costó mucho trabajo, mucho esfuerzo y mucho sacrificio y mucha lucha poder conquistar.
Eliezer: Claro, ahora, vos decís: la sociedad argentina lo siente como parte de su derecho a la educación. Esto también, ahora después lo vamos a hablar. Pero es un fenómeno muy particular de Argentina y antes de pasar a la siguiente pregunta, te quería preguntar ¿Es un derecho que le permite a qué? O sea, ¿este es un derecho que es una vía de acceso a qué? Porque durante mucho tiempo fue vista, o por lo menos yo creo que ha sido vista como una vía de ascenso social.
Nicolás: Dijiste la palabra clave, la universidad es percibida como un mecanismo, como una instancia de ascenso social. Hay en la sociedad argentina. Un mito, ¿sí? Viste que los mitos siempre tienen algo de verdad, tienen algún componente que este que es verdadero que es el mito de “M’hijo el doctor”, ¿no? Era una expresión muy, muy común en el siglo XX, ¿no? Hablar de mi hijo, el doctor, ¿no? Es decir, ¿qué sintetizaba esa imagen? La idea de que una familia obrera, haciendo todos los sacrificios que se requerían, podían colocar a uno de sus hijos en la formación universitaria, que la siguiente generación de esa familia iba a percibir un ascenso social mediado por el acceso a un título universitario. Es decir, que el valor que el título universitario tenía le permitía a una familia en tan solo una generación, lograr cambiar de clase social. Eso no digo que sea un fenómeno exclusivo de la Argentina, pero es un fenómeno que sí ha tenido en la Argentina una particular, una particular fuerza, diría, ¿no? Creo que hay algo ahí en el imaginario que todavía está funcionando. Cuando uno recorre las marchas y se encuentra con chicos, sobre todo chicos que son hoy primera generación de estudiantes universitarios. Es decir, que son los primeros, en su familia que han pisado una universidad, te lo siguen diciendo, te lo comentan: Esta es mi posibilidad de poder acceder a algo que en mi familia nunca hubieran imaginado poder poder alcanzar, etcétera, etcétera.
Archivo audio, Estudiante: Mis padres no llegaron a graduarse en la universidad. Mi mamá es docente de secundario y mi papá no terminó la secundaria, así que para mí es un orgullo poder estar estudiando.
Nicolás: Entonces ahí creo que está la clave. forma parte del derecho a la educación, la universidad pública y por otro lado es, en tanto bien aspiracional, un mecanismo de ascenso social todavía vigente en la Argentina.
Eliezer: Queremos ir primero al conflicto más reciente para ver si después nos puedes ayudar a entender cómo es que se llegó a este punto, ¿no? Pero concretamente, en los últimos días y en las últimas dos semanas, docentes, estudiantes, autoridades han salido a denunciar que el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario y el deterioro del presupuesto amenazan directamente el funcionamiento del sistema.
Archivo audio, Presentadora, La República: En los últimos dos años y medio, los fondos destinados a las universidades se redujeron más de cuarenta y cinco por ciento en términos reales.
Eliezer: ¿Qué es lo que está ocurriendo exactamente? ¿Por qué las universidades hablan de una crisis existencial?
Nicolás: Es una crisis existencial, es una crisis material, es una crisis de fondo, no es una crisis coyuntural. Esto es lo primero que yo quisiera subrayar. No es un asunto que tiene que ver con un determinado momento, con un determinado aspecto de la vida o del orden universitario. Tiene que ver con el conjunto, es decir, es estructural. Y esta crisis estructural está asociada a un ahogo presupuestario que forma parte de las políticas impulsadas por el gobierno de Milei de manera sistemática desde el inicio de su gestión, de la cual ya lleva tres años. Y, bueno, tiene que ver claramente con una, concepción del Gobierno de Milei. Que ven a las universidades como un foco de pensamiento crítico, un lugar donde, eh, le cuestionan, discuten, exponen, ¿no? Las limitaciones de su política, de su política en un sentido amplio, su política económica, social, cultural. Ni que hablar educativa, ¿para qué les cuento?
Archivo audio, Javier Milei: La creación de universidades se ha convertido en un negocio más de la política y en los profesorados e institutos de formación docente proliferan currículas educativas de izquierda, abiertamente anticapitalistas y antiliberales, en un país en el cual lo que se necesita es más capitalismo y más libertad.
Nicolás: Y por lo tanto, este gobierno responde con una estrategia típica de asfixiar para, acallar esas voces, algo que por cierto no ha logrado ni logrará. Pero hay que decir que en el mientras tanto, la situación de las universidades públicas en Argentina es extremadamente penoso, porque los números están indicando, por un lado, que estamos en un piso histórico de el aporte del Producto Bruto Interno que recibe las universidades que recibe, no por por una cuestión, antojadiza, sino que lo recibe porque está en la en la ley recibirlo de esta manera. Y bueno, por otro lado, eso poco que recibe la universidad o a las universidades en un conjunto, lo gastan fundamentalmente en sueldos, en los sueldos para cubrir el trabajo, que también, por cierto, están en un piso histórico.
Eliezer: De acuerdo con distintos reportes que han salido durante el gobierno de Milei, cerca del 85% de los docentes universitarios de Argentina reciben salarios por debajo de la línea de pobreza. Estamos hablando de más de cien mil personas.
Nicolás: Y muchísimos, pero muchísimos docentes, que han abandonado las cátedras universitarias en busca de otros trabajos un poco más rentables que les permitan sobrevivir. La pérdida de capital humano para usar los términos contemporáneos, ¿no? Que eso genera, no voy a decir que es irreversible, pero es extremadamente difícil de recuperar. Es decir, una persona que se ha formado años y años para enseñar una determinada materia, para investigar un determinado tema, para formar a otros, en esos en esos campos disciplinares o saberes disciplinares, es extremadamente costoso. No es una inversión que se hace a un año o dos años a tres años, son apuestas de vidas, trayectorias eh, de muy largo aliento las que están en juego ahí y que se están perdiendo de una manera brutal. Mira, se están cumpliendo hoy 60 años de la Noche de los Bastones Largos, que es otro episodio tremendo de la historia de la universidad argentina, particularmente de la Universidad de Buenos Aires, implicó el ingreso en el marco de una dictadura de la dictadura de Onganía, de el personal policial a las universidades que sacó a bastonazos a estudiantes, profesores.
Archivo audio, Narrador, CONICET: Los uniformados entraron por la fuerza, formaron a docentes y alumnos en el patio e instantes después comenzó la golpiza. Más de 1,700 docentes e investigadores se fueron del país, renunciaron o se pasaron al sector privado mientras se suprimían todos los centros de estudiantes.
Nicolás: Eso implicó una renuncia masiva y una diáspora enorme de investigadores, lo que implicó en algunos relatos, no la idea de un quiebre, un punto de quiebre en el prestigio que había alcanzado la universidad. Bueno, hoy estamos viviendo algo infinitamente peor. Desde mi punto de vista es mucho más masivo, no solo afecta centralmente la Universidad de Buenos Aires, sino que sobre todo está afectando las universidades, de las provincias o del interior, como le llamamos nosotros. Y está, rompiendo en un mundo o en un contexto, digámoslo así en donde, vos lo sabés muy bien, el conocimiento juega un papel absolutamente determinante en la época histórica en la que nos encontramos. Entonces, nada es realmente crítico, es angustiante, y si bien somos muy conscientes de que no es el único problema que tiene el país, es un asunto muy, muy serio de financiar como se está desfinanciando las universidades, porque reconstruirlas va a llevar muchísimo, pero muchísimo tiempo.
Eliezer: Hacemos una pausa y volvemos.
Estamos de vuelta en El hilo.
Ahora, vos estabas diciendo recién algo que a mí me sigue llamando mucho la atención cada vez que veo que se repite como argumento. Desde el gobierno o desde partidarios del gobierno, pero también del lado de la gente que defiende, digamos, como la universidad, ¿no? A mí me parece inverosímil, digamos, el argumento de que se quiera destruir la universidad porque es un foco de pensamiento crítico, ¿no? Milei, además de esto, dice que las universidades públicas, digamos, son estructuras ineficientes, corporativas o esto de capturadas por intereses políticos. Y entonces, antes de entrar un poco más a ver estas afirmaciones, a mí me gustaría saber algo básico, y es por un lado, ¿qué sectores de la política o de la ciudadanía están en contra de la universidad pública? O sea, ¿quienes eh comparten esta mirada del gobierno y por qué? Y un poco más, recién estaba diciendo: hay chicos que hoy día son primera generación de su familia que van a la universidad. ¿Cómo está compuesta aproximadamente la población universitaria? ¿Quiénes son los que asisten?
Nicolás: ¿Quienes comulgan con la mirada del gobierno de Javier Milei en relación a, a lo que está sucediendo con las universidades? Yo diría que es un sector minoritario, pero que existe. Yo creo que en Argentina y en América Latina me animo a decir, hay dos grandes proyectos políticos en relación a esta cuestión. Por un lado, el que entiende o los que y las que entendemos la educación como un derecho y creemos que el horizonte siempre es el de ampliar las posibilidades, generar más oportunidades, multiplicar, en fin. Las condiciones para que todos y todas puedan estudiar, si querés, viene de una tradición de muy largo aliento de la Ilustración, ¿no? El acceso al conocimiento como un bien común inscribámoslo en una, en algo que no se nos ocurrió a nosotros ni mucho menos, que viene de hace muchísimo tiempo atrás, diría del contexto de las luchas por la independencia de América Latina. En las luchas de independencia de América Latina, revisas cualquier país, cualquier situación, y vas a encontrar que el tema de la educación ocupaba un lugar fundamental, central, ¿no? Estaba en la base de las discusiones, romper con la lógica de que la educación y particularmente la educación superior era un privilegio de unos pocos y que empezará a ser paulatinamente un derecho de las mayorías.
Eliezer: Uno de los argumentos de Javier Milei para justificar los recortes a la universidad pública es que sólo beneficia a los sectores más privilegiados de la sociedad argentina.
Archivo audio, Javier Milei: La universidad pública nacional hoy no le sirve a nadie más que a los hijos de la clase alta y los ricos y la clase media-alta.
Eliezer: Pero la realidad es otra. La educación pública universitaria ocupa un lugar central en la sociedad argentina. En el país, existen hoy alrededor de dos millones y medio de estudiantes universitarios. Más del 40% proviene de los sectores de menores ingresos, y la gran mayoría estudia en alguna de las 63 universidades públicas argentinas.
Nicolás: Y está también el otro grupo, el que se inscribe en esa tradición que va a entender que la educación, en el mejor de los casos, es un mecanismo para el disciplinamiento social, es decir, que es un mal necesario. Que es necesario tener educación porque a través de la educación se le inculca a la clase trabajadora los sectores populares la la idea de que tienen que obedecer, que tienen que respetar la autoridad, que tienen que tener claro que ellos obedecen porque hay otros que mandan, etcétera, etcétera, etcétera, ¿no? Es la lógica, entender la educación más desde la lógica del deber. Y en ese caso vas a encontrar que estos grupos tienen, y esto es absolutamente patente hoy por hoy, en la educación pública ven o bien un asunto que hay que un gasto social que hay que reducir a su mínima expresión, un foco, como dijiste tú, de fuente, digamos de ideas subversivas, se las llamaba en un en una época triste de nuestro país, críticas diríamos hoy, o también, y este creo que es un punto que hay que analizar muy bien, ven a la educación como un potencial negocio. Es decir, ven a la educación pública como una fuente de negocios y van a tratar de introducir ahí y lo hacen, y lo hacen muy bien. Una lógica de mercantilización. Es decir, ven en la educación pública un mercado más y por lo tanto tratan de avanzar sobre él.
Eliezer: algo que se suele dar como un hecho, digamos, las últimas décadas, ha sido como la decadencia progresiva de todo el sistema de educación pública en el país, ¿no? Que la noción de calidad en el sistema público ha ido perdiéndose y un poco lo que tú decías, es como si el gobierno de Milei solo viene a darle una estocada final a un sistema educativo que igual ya estaba agonizante o con serios problemas estructurales. ¿Cuál crees que es el diagnóstico honesto del estado de la educación pública argentina antes de que asumiera este gobierno?
Nicolás Arata: Es una pregunta muy importante la que me hacés. Yo quiero sumar dos o tres reflexiones al respecto. En primer lugar, creo que hay una tendencia a pensar la educación pública, bajo una serie de metáforas que hablan del fin, de la tragedia, de la crisis, del colapso. Y lo voy a decir así, porque eso vende muchos libros, o eso da muchos minutos en pantalla o frente a un micrófono y le da visibilidad a quien lo pronuncia. Pero son muy poco serias esas opiniones. Insisto, son efectistas, ¿no? Hacen sentido con una una sensación de crisis, una experiencia sin lugar a dudas, de crisis que atravesamos no sólo en el plano de la educación, por cierto, hablemos de la salud pública, hablemos de incontables asuntos de la vida en común. Pero digo, creo que hay algunos que se suben a esa crisis y le empiezan a poner fecha de defunción. Creo, por otro lado, que el asunto es, ¿qué estamos entendiendo por calidad? Decir, bueno, perfecto la calidad de la educación ha caído enormemente. Bueno, pero ¿qué estamos entendiendo por calidad? ¿Cuánto se aprende? ¿Cuánto se enseña? ¿En cuántos años eso se se incorpora? En fin, qué es lo que estamos entendiendo por calidad y también junto a la calidad, que no discuto y que me parece un elemento a tomar en cuenta para cualquier evaluación que se precie de tal, creo que hay que también sumar otros componentes fundamentales y nos los enseñó la pandemia. En el contexto de la pandemia se produjo, una de las migraciones más grandes de la historia de la humanidad. De la noche para la mañana, millones de niños, niñas, jóvenes tuvieron que dejar sus aulas, sus escuelas y pasar a aprender frente a las pantallas. Los que tenían pantallas, los que tenían pantallas y podían tener también una conexión a Internet y los que además podían tener un dispositivo propio y no tenían que compartirlo con el hermanito, con la hermanita. O sea, ahí quedó demostrado, si querés, por la vía negativa, la importancia de una escuela. Pero además también lo que nos recordó esa situación tan, tan penosa que atravesábamos hace no mucho tiempo fue que muchísimos de esos niños y niñas y jóvenes comían en la escuela. Es decir, que la escuela le prestaba además un servicio que en sus casas, por las condiciones sociales que tienen, no podían satisfacer, que era la de la alimentación diaria, mínima y básica, los nutrientes mínimos y básicos para poder aprender o por lo menos para poder desarrollar procesos tan complejos como los del aprendizaje. Entonces, ¿de qué crisis estamos hablando? ¿Cómo la nombramos? ¿Cómo la medimos, eh? Y sobre todo y fundamentalmente, ¿qué soluciones proponemos para hacer frente a esa crisis? Creo que son elementos que hoy no se están pensando muy seriamente. Un amigo mío muy querido acaba de estar junto con todos los ministros de educación de América Latina en el Vaticano y me transmitía lo penoso que eran muchas de las opiniones vertidas por los propios ministros de Educación y ministras de Educación de nuestro continente en relación a cómo leían, interpretaban y pensaban soluciones para este asunto. Yo lo digo, creo que eso es parte, ¿no? Tenemos una crisis enorme, desde el punto de vista pedagógico, desde el punto de vista de quiénes son las personas que lideran las áreas, las administraciones, los ministerios educativos en nuestro continente y creo que ahí tenemos también que poner una una mirada muy, muy atenta, muy aguda y muy crítica.
Eliezer: Para ver un poco como las condiciones de posibilidad de esta crisis, no en un sentido un poco más amplio, que es el que planteabas recién. Algunos intelectuales han planteado que el debate de fondo no es solamente sobre la educación, ¿no? Sino sobre la idea misma de lo público y de los bienes comunes, digamos, ¿no? Y entonces me gustaría saber si crees que esto está también al centro de este problema, si la discusión sobre las universidades es también una discusión sobre qué cosas una sociedad decide sostener colectivamente.
Nicolás Arata: De nuevo dos palabras claves: lo común y lo colectivo. Si volvemos a la pregunta respecto de por qué el grupo o el sector o la mirada de Milei, ¿no? Dice que las universidades son ineficientes, vamos a pensar esas instituciones bajo la lógica del mercado, es decir, bajo la lógica de lo que se produce, de su rentabilidad, ¿no? De lo que gasto y de lo que genero, es decir, de inputs y outputs, ¿no? Pero no, esa lógica no ve, no entiende, no está en su configuración entender qué es lo que produce contar con esas instituciones, qué es lo que genera en la vida común, como tú lo dijiste, de una sociedad, esos espacios. Vos te creés que en el tan mentada Finlandia, que se la propuesto como modelo educativo para el conjunto de los países, etcétera. Lo que no tengo nada para decir, al contrario, me parece muy, muy bien. Ahí hay una cosa muy interesante, en las aulas de las escuelas de Finlandia, los chicos avanzan de tema una vez que todos el grupo completo entendió y comprendió la lección, no se queda ninguno atrás. Es parte de lo común. Es una lógica que no es la lógica de la meritocracia, que no es la lógica de la calidad, entendida en un sentido productivista, que no es la lógica del mercado, es otra lógica. Yo creo firmemente que las dos pueden convivir y que tienen que convivir, ¿sí? Creo que las dos tienen que convivir, pero no podemos ceder ni un centímetro a estas lógicas meritocráticas que quieren colarse dentro de la escuela o que quieren colonizar el conjunto de las instituciones, el conjunto de lo que hacemos en una sociedad. Creo terminantemente que no creo que la escuela es uno de los pocos espacios que queda para pensar lo que tenemos en común los que nos llamamos y las que nos llamamos argentinos, mexicanos, colombianos, lo que sea. Es decir, es el espacio para poder pensar eso, que si no, no lo pensás en ningún otro lugar, no lo aprendés en ningún otro lugar.
Eliezer: Hacemos una última pausa y volvemos.
Estamos de vuelta.
Me da un poco de pudor decir esto abiertamente, pero una de las cosas que más me hicieron dimensionar a mí la universidad pública argentina, fue irme a vivir y a trabajar a otro país de América Latina hace una década, ¿no? Cuando yo me fui a trabajar a Lima como editor, descubrí por primera vez que la mayor preocupación de los asistentes de edición que teníamos, de los jóvenes editores que trabajaban conmigo era cómo asegurar una educación y un título de grado valioso, ¿no? Y eso podía implicar decisiones que afectaban la vida de toda la familia: migraciones a Estados Unidos, eso comprometía durante años la vida de toda una familia, ¿no? Yo vengo del interior del país, de una familia de clase trabajadora. Soy técnico electromecánico de una escuela técnica del turno noche. Y para mí nunca fue una preocupación el si iba a poder estudiar o no, o en todo caso la preocupación estaba dada de cómo voy a hacer la carrera de manera compatible con trabajar, porque tengo que seguir trabajando para para mantenerme, ¿no? Y a mí sí me resulta asombroso cómo tenemos naturalizado o incorporado este acceso a la universidad pública en Argentina, algo de lo que vos decías muy al principio, ¿no? Que es un derecho que uno considera adquirido. Pero me pregunto también si los sectores que siempre han defendido el valor del modelo de educación superior que tiene el país no han sido muy malos publicistas de los beneficios de este privilegio. Y me refiero no solamente a la cuestión de tener el título, que es el mito, digamos, del ascenso social, sino el paso por la universidad de cómo te puede transformar solo la experiencia del paso por la Universidad, ¿te parece que hemos sido muy malos publicistas de estos beneficios?
Nicolás Arata: Bueno, la respuesta me va a generar, algunas antipatías y seguramente algún que otro enemigo que lo escuche, pero yo creo que sí, que efectivamente hemos sido malos, no hemos sido todo lo buenos que hubiese sido necesario ser en relación a defender mostrar, el valor que tiene la universidad. En muchos casos creo que nos hemos transformado y no saco los pies del plato en panaderos que le venden pan a otros panaderos. Que no hay cosa más estúpida que esa. Es decir, yo te sé vender a vos, que sos un colega lo que hago, vos me vas a defender a mí lo que hacés, pero el resto de la sociedad nos tiene sin cuidado. Entonces, con una mano en el corazón, empecemos a ver las cosas que hacemos mal. Yo soy un firme convencido de que hay que defender a la universidad pública, muchas veces de la propia universidad pública. Y con esto lo que quiero decir es de las lógicas que anidan en nuestra propia universidad, que son por un lado lógicas burocráticas, muchísimas, ¿no? Lo que importa es el proceso y todo lo demás se pierde de vista. Lo que importa es cumplir, lo que importa es el trámite, lo que importa es la carrera personal, lo que importa y todo lo demás queda olvidado. Esto pasa en la universidad, no decirlo a esta altura del siglo me parece de una hipocresía absoluta. Creo también que muchas veces, como en cualquier organización compleja, quienes la manejan, quienes las conducen, no necesariamente persiguen el bien común. Esto es clarísimo, si no, no tendríamos también dentro de las propias universidades los niveles de conflicto que tenemos. No tendríamos dentro de las propias universidades, la hoy evidente imposibilidad de que las mujeres que son mayoría universitaria no lleguen a los puestos de conducción porque sigue operando dentro de las lógicas, un machismo patriarcal absoluto. Y podríamos seguir toda la tarde.
Archivo audio, Mariana Carbajal: Yo miraba la foto de el Consejo Interuniversitario, que agrupa a los rectores. Y ahí, bueno, ahí se refleja dónde está el poder. De setenta y cuatro sólo hay quince mujeres rectoras.
Nicolás: Entonces un profesor, David Viñas, un gran intelectual argentino, decía a propósito de mi facultad, la Facultad de Filosofía y Letras: No estamos en la comunidad de los Santos. La Universidad no es la comunidad de los santos. No es que todo lo malo está afuera y todo lo bueno está dentro. Esas miradas no van a conducir absolutamente nada. Sí creo que hoy hay un plan organizado, sistemático para atacar a la universidad y llevarse puesto lo bueno y lo malo. Y que lo que nosotros tenemos que hacer es firmemente defender a las universidades, pero sin dejar de hacer una autocrítica respecto a cómo podemos mejorar y cómo podemos transmitir. Y la transmisión es una tarea colectiva, no individual. No es que yo me propongo, tú te propones, el otro se propone colectivamente el por qué y la razón de ser de una universidad, de una institución como la universidad en un siglo, que con la inteligencia artificial, ha cambiado y ha dislocado la forma en la que pensamos y entendemos el lugar del saber en el mundo. O sea, la universidad tiene que ser un lugar que pueda permitirnos incubar los mejores sueños de transformación social y no desde un lugar de vanguardia, es decir, ir hacia allá o hacia acá va el mundo, sino desde un lugar de poner en común eso con el resto de la ciudadanía para poder pensar colectivamente qué es lo mejor para esa sociedad. Yo estoy convencido de esto que te que te digo.
Eliezer: Ahora, para cerrar, yo sé que es imposible reducir a un par de fórmulas, un problema tan complejo, pero me gustaría saber dos cosas al menos. Por un lado, si crees que hay algún tipo de sistema o solución de financiamiento que no dependa por completo de que un gobierno tenga que cumplir una ley y por otro lado, ¿qué dirías que es lo que más te preocupa en este momento?
Nicolás: Una universidad se inscribe en un país y un país se inscribe o se piensa a sí mismo bajo un paradigma, un modelo de desarrollo. Si vos vas a pensar un país bajo el modelo, un paradigma de desarrollo de la exportación de commodities, es decir, digamos la agricultura o la agricultura y la ganadería, bueno, vas a tener a las universidades, no, no voy a decir de convidadas de piedra. Pero vas a tener las universidades en un lugar mucho menos interesante que si vos pensás un país que produce, genera conocimiento, genera valor agregado para esa para esos productos que tradicional o históricamente le permiten eh generar su subsistencia, etcétera, etcétera. Entonces vos tenés que como gobierno lo inteligente sería apoyarse en las universidades. Es más, diría es cooptar lo que la universidad produce y llevarlo no para, para, para beneficio de esa concepción o de ese modelo. Este gobierno actual evidentemente está por una línea de primarización de la economía bestial. Es decir, hay una apuesta total a, a producir energía y exportar soja y etcétera. Y no hay una idea de un desarrollo, diría yo, más armonioso y más complejo de la sociedad argentina, que por otro lado, haría mucho sentido con algo que creo que los argentinos y me da muchísimo pudor decirlo, y argentinas fuimos reconocidos en el mundo, que es el nivel de formación que habíamos o que supimos alcanzar en algún momento de nuestra historia. Si el nivel cultural promedio de los argentinos era valorado en el exterior y lo sigue siendo en alguna medida producto de esa educación pública en donde está incluida la universidad. Eso es lo que se está perdiendo. Eso hoy creo que es parte de lo que tenemos que pensar de una manera muy creativa, muy crítica y muy propositiva para los años que vienen y sobre todo para el tiempo que viene después del gobierno de Milei.
Eliezer: Nicolás Arata, muchísimas gracias por hacerte un tiempo para hablar con nosotros.
Nicolás Arata: No, al contrario, muchas gracias a ustedes.
Jesus Delgadillo: Este episodio fue producido por mí, Jesús Delgadillo. Lo editó Eliezer. Bruno Scelza hizo la verificación de datos. El diseño de sonido es de Elías González y la música es de él y Rémy Lozano.
El equipo de producción de El hilo está formado también por Daniela Cruzat, Samantha Proaño y Franklin Villavicencio, con el arte y diseño de Diego Corzo. El resto del equipo incluye a Natalia Ramírez, Paola Alean, Camilo Jiménez Santofimio, Elsa Liliana Ulloa, Silvia Viñas y Daniel Alarcón. Carolina Guerrero es la CEO de Radio Ambulante Studios. Nuestro tema musical lo compuso Pauchi Sasaki.
El hilo es un podcast de Radio Ambulante Studios. Si valoras el periodismo independiente y riguroso, te pedimos que te unas a nuestras membresías. América Latina es una región compleja y nuestro periodismo necesita de oyentes como tú. Visita elhilo.audio/donar y ayúdanos con una donación.
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Gracias por escuchar.
Transcript:
The following English translation was generated with the assistance of artificial intelligence and has been reviewed and edited by our team for accuracy and clarity.
Archival audio, Protest atmosphere.
Archival audio, Student chants: Today we take over the school, today we take over the school.
Archival audio, Anchor, América TV: The conflict is unprecedented. In the 40 years of democracy, no government had ever deliberately cut the budget of public universities by so much.
Archival audio, Protest: Today, our fellow teachers can’t make ends meet on their salaries — they work multiple jobs, drive taxis, sell things.
Archival audio, Eduardo Feinmann: Are you one of the famous anti-capitalists?
Literature student: That’s right. Anti-capitalist and defender of the public university, of students’ right to a future. Of young people’s right to a planet that this system won’t destroy.
Feinmann: To get an education, you need to study.
Literature student: You need to study, and you also need to fight — because we have teachers earning poverty wages who can’t afford to come and teach. We can’t study when our university is overrun with rats and we don’t even have chairs. We’re burning our eyes out studying on tiny phone screens. Do you know what it’s like to study a university degree from a phone screen?
Archival audio, Protest atmosphere.
Archival audio, Pablo Alabarces, Radio con Vos: Rich people go to private universities, and they don’t go to public ones. Well, some rich people do — make no mistake about that — and why do they? Because they’re not fools, and they know the best university is the public university.
Eliezer: Welcome to El hilo, a podcast from Radio Ambulante Studios. I’m Eliezer Budasoff.
Argentina’s public universities don’t know if they’ll be able to start classes next semester. In fact, they still don’t know how they’ll make it through the first stretch of the year, which is ending amid strikes and protests, because the system is facing the worst economic suffocation it has endured since the return to democracy more than forty years ago.
The budget has fallen to historic lows; more than 80 percent of faculty members earn salaries below the poverty line; and the country’s largest public university has already had to drastically cut its use of lights, heating, and elevators for lack of resources.
On the surface, the problem is that Javier Milei’s government has refused to comply with a law that requires it to maintain university funding. At a deeper level, what’s at stake is a contempt for the public sector that the president has never tried to hide. In one of his first speeches, at the start of the school year at the secondary school he attended, Milei told students that public education was a brainwashing mechanism.
Argentina’s state university system has thousands of problems — and more than two and a half million students — because it remains free of charge, with no restrictions, and maintains internationally recognized quality. It has been part of the nation’s pride and mythology for a long time, and has also been the target of attacks by different governments, from the repression under dictatorships to the privatization attempts and budget cuts it has suffered since the 1990s.
Attacks on public universities have always triggered massive public outrage. But now, the fight to defend an established right also confronts a spirit of the times that extends beyond Argentina’s borders — one that rejects the very idea of the collective. Milei is a crude example of a discourse that seeks to convince millions of people that any improvement in the lives of others who were born into worse circumstances is something that has been taken from them.
In this episode we speak with Nicolás Arata, a doctor in education and professor of the history of Argentine and Latin American education, to try to explain what access to university means for Argentine society, why people are speaking of an existential crisis for the system, and what the underlying dispute is behind the conflict over university funding.
It is June 5, 2026.
We’ll take a break and be right back with the interview.
Nicolás, over the last two years the cuts to public universities in Argentina have been the driving force behind some of the largest mobilizations against Javier Milei’s government.
Archival audio, Anchor, Agencia EFE: Banners, flags, and chants filled the streets of Buenos Aires.
Archival audio, Anchor, El Tiempo: Under the slogan “Milei, obey the law,” students and faculty packed Plaza de Mayo in front of the government house.
Archival audio, Anchor, El Espectador: To demand more funding and protest the budget cuts that have hit higher education hard.
Eliezer: But Milei has made cuts in several areas that affect a large number of people, beyond education — in pensions and social programs, in energy and transportation subsidies, and has made dramatic cuts to public works spending. Since our audience is from across Latin America, we’d like you to first explain, if you could, what place the public university holds in Argentina’s social imagination. What does this model of access to higher education represent for society? Because it still manages to resonate with so many people in an era of such widespread apathy.
Nicolás Arata: I believe it resonates with society as a whole — or a large part of it, to avoid over-generalizing — because that society sees the university as part of the right to education. That is, Argentine society does not see the university as a place for the few, for the privileged, for a chosen elite. If we look at its long history, the university was a factory for elites — it was not born as an institution in any mass, popular sense, far from it. But the truth is that the successive transformations that have taken place throughout the 20th century and into the 21st have opened the door to social sectors that historically had never entered the university. So I think that, ultimately, people take to the streets because they are defending something they feel is their own, something that is part of their rights, and something that took a great deal of work, effort, sacrifice, and struggle to achieve.
Eliezer: Right. Now, you say Argentine society sees it as part of its right to education. That is also — and we’ll get to this in a moment — a very particular phenomenon in Argentina. But before moving on to the next question, I wanted to ask: it’s a right that gives access to what, exactly? Because for a long time it was seen — or at least I think it has been seen — as a pathway to social mobility.
Nicolás: You said the key word. The university is perceived as a mechanism, as a vehicle for social mobility. There is a myth in Argentine society — and myths, you know, always have some truth to them — the myth of “M’hijo el doctor” [“My son, the doctor”]. It was a very, very common expression in the 20th century. “My son, the doctor.” What did that image encapsulate? The idea that a working-class family, making all the necessary sacrifices, could place one of their children in a university program — that the next generation of that family would achieve social mobility through access to a university degree. In other words, the value of a university degree allowed a family, in just one generation, to change their social class. I’m not saying that’s a phenomenon unique to Argentina, but it is one that has had a particular force there. I think something of that is still alive in the collective imagination. When you walk through the marches and meet young people — especially those who are today the first generation in their family to go to university, the first to ever set foot in one — they still tell you: this is my chance to reach something my family never could have imagined reaching.
Archival audio, Student: My parents didn’t manage to graduate from university. My mother is a secondary school teacher and my father didn’t finish high school, so for me it’s a source of pride to be studying.
Nicolás: That’s the key, I think. On one hand, the public university is seen as part of the right to education. On the other, as an aspirational good, it remains a mechanism of social mobility — one that is still alive and well in Argentina.
Eliezer: We want to look first at the most recent conflict, to see if you can then help us understand how things got to this point. But concretely, in recent days and over the past two weeks, faculty, students, and university authorities have come out to denounce that failure to comply with the University Funding Law, and the deterioration of the budget, are directly threatening the functioning of the system.
Archival audio, Anchor, La República: Over the past two and a half years, funds allocated to universities have been reduced by more than forty-five percent in real terms.
Eliezer: What exactly is happening? Why are universities speaking of an existential crisis?
Nicolás: It is an existential crisis, it is a material crisis, it is a deep crisis — not a circumstantial one. That is the first thing I want to underscore. It is not a matter connected to a particular moment, or a particular aspect of university life. It involves the whole picture — it is structural. And this structural crisis is associated with a budget stranglehold that is part of the policies systematically pushed by Milei’s government since the start of his administration, which is now entering its third year. And it clearly has to do with a conception held by Milei’s government. They see universities as a hotbed of critical thinking, a place where the limitations of their policies — in the broad sense: economic, social, cultural, and needless to say educational — are challenged, discussed, and exposed.
Archival audio, Javier Milei: The creation of universities has become just another political business, and in teacher training colleges and institutes, left-wing curricula openly anti-capitalist and anti-liberal are proliferating — in a country that needs more capitalism and more freedom.
Nicolás: And so this government responds with the typical strategy of starving those voices into silence — something it has not achieved and never will. But it must be said that, in the meantime, the situation of Argentina’s public universities is extremely dire. The numbers show, on one hand, that we are at a historic low in the share of GDP allocated to universities — not arbitrarily, but because the law mandates they receive it. And on the other hand, the little the university or universities as a whole do receive is spent almost entirely on salaries, on covering the cost of labor, which are themselves also at a historic low.
Eliezer: According to various reports released during Milei’s government, close to 85 percent of Argentine university faculty members earn salaries below the poverty line. We’re talking about more than one hundred thousand people.
Nicolás: And a great many — a very great many — faculty members have abandoned their university posts in search of other, somewhat more remunerative work that allows them to survive. The loss of human capital, to use contemporary terms — what this generates is not something I would call irreversible, but it is extremely difficult to recover from. A person who has spent years and years training to teach a particular subject, to research a particular topic, to train others in those disciplinary fields or bodies of knowledge — that is not an investment made in one, two, or three years. These are lifelong bets, very long-haul trajectories, and they are being lost in a brutal way. And look — today marks sixty years since the Night of the Long Batons, another tremendous episode in the history of Argentine universities, and of the University of Buenos Aires in particular. It involved the entry, under the Onganía dictatorship, of police personnel into the universities, who beat students and faculty out with their batons.
Archival host, Narrator, CONICET: The uniformed officers entered by force, lined up faculty and students in the courtyard, and moments later the beating began. More than 1,700 teachers and researchers left the country, resigned, or moved to the private sector, while all student centers were disbanded.
Nicolás: That triggered a mass resignation and an enormous diaspora of researchers — which, by some accounts, represented a rupture, a breaking point, in the prestige the university had achieved. Well, today we are living through something infinitely worse. From my perspective, what is happening now is far more sweeping. It does not only affect the University of Buenos Aires — above all it is hitting the universities of the provinces, or the interior, as we call them. And it is causing ruptures in a world — in a context — where knowledge plays an absolutely decisive role in the historical moment we find ourselves in. So, none of this is merely critical. It is agonizing. And while we are very aware that this is not the country’s only problem, it is a very, very serious matter — to defund universities the way they are being defunded — because rebuilding them will take an enormous, enormous amount of time.
Eliezer: We’ll take a break and be right back.
We’re back on El hilo.
Now, you were just saying something that continues to catch my attention every time I see it repeated as an argument — from the government side or government supporters, but also from those who defend the university. I find the argument that they want to destroy the university because it is a hotbed of critical thinking implausible. Milei, beyond this, says that public universities are inefficient, corporatist structures captured by political interests. So, before we dig a little further into those claims, I’d like to know something basic: first, which sectors of politics or the citizenry are opposed to the public university — that is, who shares the government’s view, and why? And also, you were just saying there are young people today who are the first generation in their family to go to university. What is the approximate composition of the university population? Who actually attends?
Nicolás: Who shares the view of Javier Milei’s government regarding what is happening with the universities? I would say it’s a minority sector — but it exists. I believe that in Argentina, and I’d venture to say in Latin America, there are two major political projects in relation to this issue. On one side, those of us who understand education as a right and believe the horizon must always be one of expanding possibilities, creating more opportunities, multiplying the conditions for everyone to be able to study — if you want to trace it, it comes from a very long tradition going back to the Enlightenment: access to knowledge as a common good. Let’s situate it in something that was not our own invention, not by a long shot — it goes back a very long time, I’d say to the context of the Latin American independence struggles. If you look at the independence struggles in any country of Latin America, any situation, you will find that education occupied a fundamental, central place. It was at the heart of the debates: breaking with the logic that education, and particularly higher education, was a privilege of the few — and that it should begin, gradually, to become a right of the many.
Eliezer: One of Javier Milei’s arguments for justifying cuts to the public university is that it only benefits the most privileged sectors of Argentine society.
Archival audio, Javier Milei: The national public university today serves no one but the children of the upper class, the wealthy, and the upper-middle class.
Eliezer: But the reality is different. Public university education occupies a central place in Argentine society. The country currently has around two and a half million university students. More than 40 percent come from lower-income sectors, and the vast majority study at one of Argentina’s 63 public universities.
Nicolás: And there is also the other group — the one rooted in a tradition that understands education, at best, as a mechanism for social discipline: a necessary evil. That it is necessary to have education because, through education, the working class and popular sectors are instilled with the idea that they must obey, respect authority, and understand clearly that they follow because others command, and so on. That is the logic — understanding education more from the logic of duty. In that case, you will find that these groups have — and this is absolutely evident today — a view of public education as either a social expenditure to be reduced to its minimum expression, a hotbed, as you said, of subversive ideas — as they were called in a dark period of our country’s history, or critical ideas as we would say today — or, and I think this is a point that needs to be analyzed very carefully, they see education as a potential business. That is, they see public education as a source of commercial opportunity, and they try to introduce — and they do this very effectively — a logic of commodification. They see public education as just another market, and so they try to advance on it.
Eliezer: Something that has often been taken as given in recent decades is a kind of progressive decay of the entire public education system in the country — the notion that quality in the public system has been eroding. And what you were saying seems to suggest that the Milei government is only delivering the final blow to an educational system that was already dying or had serious structural problems. What do you think is the honest diagnosis of the state of Argentine public education before this government took office?
Nicolás Arata: That’s a very important question. I want to add two or three thoughts. First, I think there’s a tendency to think about public education through a series of metaphors that speak of the end, of tragedy, of crisis, of collapse. And I’ll say this plainly: because it sells a lot of books, or it gets you a lot of airtime in front of a camera or a microphone, and it gives visibility to whoever says it. But those opinions are not very serious. They are, I insist, theatrical — they resonate with a sense of crisis, an experience — undoubtedly — of crisis that we are going through not only in education, certainly: talk about public health, talk about countless other areas of communal life. But I think some people ride that crisis and start putting a death date on it. On the other hand, I think the question is: what do we mean by quality? Fine quality in education has fallen enormously. But what do we mean by quality? How much is learned? How much is taught? In how many years is it absorbed? What, in the end, are we defining as quality? And alongside quality — which I don’t dispute and which I think is an element to consider in any serious evaluation — I believe we also need to add other fundamental components, ones the pandemic taught us. In the context of the pandemic, one of the largest migrations in human history took place. Overnight, millions of children and young people had to leave their classrooms, their schools, and start learning in front of screens — those who had screens, those who had screens and also had an internet connection, and those who also had their own device and didn’t have to share it with a sibling. So there, through the negative, the importance of a school was demonstrated. But also what that painful situation reminded us — not so long ago — was that many of those children and young people were eating at school. In other words, the school was providing a service that, given their social conditions, they could not meet at home: daily, basic nourishment — the minimum nutrients necessary to be able to learn, or at least to develop processes as complex as those of learning. So, what crisis are we talking about? How do we name it? How do we measure it? And above all, what solutions do we propose to face it? I think these are questions that are not being thought through very seriously today. A very dear friend of mine was just with all the education ministers of Latin America at the Vatican, and he was conveying to me how distressing many of the opinions expressed by the ministers and secretaries of education from our continent were — in terms of how they read, interpreted, and thought about solutions to this issue. I think that is part of it. We have an enormous crisis — from a pedagogical standpoint, from the standpoint of who leads the areas, administrations, and education ministries on our continent — and I think we also need to bring a very, very attentive, sharp, and critical gaze to bear on that.
Eliezer: To understand a bit more of the conditions that make this crisis possible — in a somewhat broader sense, the one you were just outlining. Some intellectuals have argued that the deeper debate is not only about education, but about the very idea of the public and of the commons. So I’d like to know if you think this is also at the center of the problem — whether the discussion about universities is also a discussion about what things a society decides to sustain collectively.
Nicolás Arata: Again, two key words: the common and the collective. If we return to the question of why the group, or sector, or worldview of Milei says that universities are inefficient — let’s think about those institutions through the logic of the market: the logic of what is produced, of its profitability, of what I spend and what I generate, of inputs and outputs. But that logic does not see — does not understand, it is not built to understand — what it means to have those institutions in place, what those spaces generate in the common life, as you put it, of a society. Take the much-celebrated Finland, proposed as an educational model for the world — I have nothing against it; on the contrary, I think it’s very, very good. There is something very interesting about Finnish schools: students move on to the next topic only once the entire group has understood and grasped the lesson — no one is left behind. That is part of the commons. It is a logic that is not the logic of meritocracy, not the logic of quality understood in a productivist sense, not the logic of the market. It is a different logic. I firmly believe that both can coexist, and that they must coexist. But we cannot cede an inch to these meritocratic logics that want to slip inside the school, or that want to colonize all institutions, everything we do as a society. I believe unequivocally that school is one of the few spaces left to think about what we who call ourselves Argentine, Mexican, Colombian — whatever we are — have in common. It is the space to think about that. If not there, you don’t think about it anywhere else. You don’t learn it anywhere else.
Eliezer: We’ll take one last break and be right back.
We’re back.
I feel a little self-conscious saying this openly, but one of the things that most made me appreciate the Argentine public university was moving to live and work in another Latin American country about a decade ago. When I went to work in Lima as an editor, I discovered for the first time that the main concern of the editorial assistants we had — the young editors who worked with me — was how to secure a valuable undergraduate education and degree. And that could entail decisions that affected the lives of entire families: migrations to the United States, choices that bound entire families for years. I come from the interior of the country, from a working-class family. I’m an electromechanical technician from a night-shift technical school. For me, it was never a concern whether I would be able to study or not — or at most, the concern was how to manage my degree while also working, because I had to keep working to support myself. And I find it remarkable how we have naturalized, or internalized, this access to public university in Argentina — something you mentioned very early on: a right one considers established. But I also wonder whether those sectors that have always defended the value of the country’s higher education model have not been very poor advocates for its benefits. And I mean not only the question of having a degree — that myth of social mobility — but the experience of passing through university: how just going through a university can transform you. Do you think we have been very poor advocates for those benefits?
Nicolás Arata: Well, the answer is going to make some enemies among those listening, but I think yes — we really have been poor publicists; we have not been as good as we needed to be at defending and showcasing the value of the university. In many cases, I think we have become — and I include myself — bakers who sell bread to other bakers. There is nothing more foolish than that. I know how to sell to you, a colleague, what I do; you will defend what you do to me. But the rest of society? We couldn’t care less. So, with hand on heart, let’s start looking at the things we do wrong. I am firmly convinced that we need to defend the public university — often from the public university itself. And what I mean by that is: from the logics that nest within our own university. On one hand, extremely bureaucratic logic — what matters is the process, and everything else is lost from view. What matters is compliance, what matters is the paperwork, what matters is personal advancement, and everything else is forgotten. This happens in the university. Not to say so at this point in the century strikes me as utterly hypocritical. I also think that, as in any complex organization, those who run it and lead it do not necessarily pursue the common good. This is clear — otherwise we would not have, within universities themselves, the levels of internal conflict that we do. We would not have, within our own universities, the now-evident inability of women — who are a majority in universities — to reach leadership positions, because patriarchal machismo continues to operate within our own logics. And we could go on all afternoon.
Archival audio, Mariana Carbajal: I was looking at the photo of the Consejo Interuniversitario [Inter-University Council], which groups the university rectors. And there, well, that’s where you see where the power lies. Out of seventy-four, only fifteen are women.
Nicolás: So, a professor of mine — David Viñas, a great Argentine intellectual — used to say about my faculty, the Faculty of Philosophy and Letters: We are not in the community of saints. The university is not the community of saints. It is not that everything bad is outside and everything good is inside. Those views will lead absolutely nowhere. What I do believe is that today there is an organized, systematic plan to attack the university and sweep away the good along with the bad. And what we must do is firmly defend the universities — but without stopping to engage in honest self-criticism about how we can improve and how we can communicate. And communication is a collective task, not an individual one. It is not that I resolve to do it, you resolve to do it, and someone else resolves to do it — it has to be a collective effort to explain the rationale and purpose behind the existence of a university, of an institution like the university, in a century that artificial intelligence has transformed and upended the way we think and understand the place of knowledge in the world. The university has to be a place that allows us to incubate the best dreams of social transformation — and not from a position of vanguardism, of declaring “the world is going this way or that way,” but from a place of sharing that with the rest of the citizenry so that we can collectively think about what is best for that society. I am convinced of what I’m telling you.
Eliezer: Now, to close — I know it’s impossible to reduce such a complex problem to a couple of formulas, but I’d like to know at least two things. On one hand, whether you believe there is some kind of funding system or solution that does not depend entirely on a government deciding to comply with a law. And on the other, what would you say worries you most right now?
Nicolás: A university exists within a country, and a country situated itself, or conceives of itself, under a paradigm, a development model. If you are going to think about a country under a paradigm of commodity exports — agriculture and ranching, say — well, you will end up with universities in a much less interesting position than if you think about a country that produces and generates knowledge, that generates added value for the products that have traditionally or historically allowed it to sustain itself, and so on. So, as a government, the intelligent thing would be to lean on universities. More than that — I would say it would be to co-opt what universities produce and put it to work, not only for the benefit of that particular model or vision. This current government is clearly pursuing an extreme commoditization of the economy. There is a total bet on producing energy and exporting soybeans, and so on. And there is no vision of a more harmonious and complex development for Argentine society — one that, by the way, would align very well with something that I find it quite humbling to say: Argentines were recognized around the world, and in some measure still are, for their level of education — something achieved precisely through public education, including the university. That is what is being lost. I believe that today this is something we need to think about in a very creative, critical, and forward-looking way for the years to come — and especially for the time that will come after Milei’s government.
Eliezer: Nicolás Arata, thank you so much for taking the time to speak with us.
Nicolás Arata: No, on the contrary — thank you.
Jesús Delgadillo: This episode was produced by me, Jesús Delgadillo. It was edited by Eliezer. Bruno Scelza did the fact-checking. Sound design is by Elías González, and the music is by him and Rémy Lozano.
The El hilo production team also includes Daniela Cruzat, Samantha Proaño, and Franklin Villavicencio, with art and design by Diego Corzo. The rest of the team includes Natalia Ramírez, Paola Alean, Camilo Jiménez Santofimio, Elsa Liliana Ulloa, Silvia Viñas, and Daniel Alarcón. Carolina Guerrero is the CEO of Radio Ambulante Studios. Our theme music was composed by Pauchi Sasaki.
El hilo is a podcast from Radio Ambulante Studios. If you value independent, rigorous journalism, we ask you to join our membership program. Latin America is a complex region, and our journalism needs listeners like you. Visit elhilo.audio/donar and help us with a donation.
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