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Esta semana, México informó que el brote de sarampión que afecta al país desde hace meses ha causado ya más de 30 muertes. Para junio, cuando empiece el Mundial de Fútbol 2026, es muy probable que los tres anfitriones de la Copa hayan perdido su estatus de países libres de sarampión. La situación es una bomba de tiempo, pero también es un síntoma: tenemos un problema con la vacunación en la región que viene profundizándose desde antes de la pandemia. Esta semana hablamos con la doctora Zulma Cucunubá, experta en epidemiología y salud pública, para entender por qué estamos hablando de muertes por enfermedades prevenibles en 2026, y qué ha pasado con el sistema de vacunación de América Latina, que llegó a ser uno de los más exitosos del mundo.
Créditos:
-
Producción
Jesús Delgadillo -
Edición
Eliezer Budasoff, Daniela Cruzat -
Verificación de datos
Desirée Yépez -
Producción digital
Samantha Proaño, Franklin Villavicencio, Diego Corzo -
Diseño de sonido y mezcla
Elías González -
Música
Elías González -
Tema musical
Pauchi Sasaki -
Fotografía
Getty Images / Michael Dantas
Etiquetas:
Transcripciones:
Transcripción:
Eliezer: Bienvenidos a El hilo, un podcast de Radio Ambulante Studios. Soy Eliezer Budasoff. Silvia Viñas está de vacaciones esta semana.
Para junio de este año, cuando empiece el Mundial de Fútbol 2026, es muy probable que los tres países anfitriones de la Copa hayan perdido su estatus de países libres de sarampión. Canadá lo perdió a finales del año pasado. Estados Unidos y México están a punto de hacerlo. Se espera que millones de personas visiten las ciudades de Norteamérica donde se van a jugar los partidos. Y el sarampión es el virus más contagioso que se conoce.
La situación es una bomba de tiempo, pero también es un síntoma: tenemos un problema con la vacunación que viene creciendo desde antes de la pandemia. Hace un par de años, UNICEF decía que, en una década, América Latina y el Caribe habían pasado de tener una de las tasas de vacunación infantil más altas del mundo, a una de las más bajas. Esta semana, México actualizó la cifra de muertes por el brote de sarampión que afecta al país desde hace meses: ya suman 31 personas.
Necesitamos entender por qué, en 2026, estamos hablando de muertes por enfermedades prevenibles, y cualquier explicación muy coyuntural parece insuficiente. Sobre todo si pensamos que América Latina desarrolló uno de los sistemas de vacunación más exitosos del mundo. A lo largo del siglo XX, la región pudo coordinar campañas masivas de inmunización que permitieron eliminar la viruela y la poliomielitis y controlar enfermedades que durante generaciones habían causado millones de muertes. Fue un progreso increíble para sociedades tan desiguales como las nuestras.
Para entender qué factores han deteriorado este progreso, y cuáles podrían ser las consecuencias si no se consigue revertir la tendencia, hablamos con Zulma Cucunubá, doctora en epidemiología de enfermedades infecciosas y directora del Instituto de Salud Pública de la Universidad Javeriana.
Es 20 de febrero de 2026.
Hacemos una pausa y volvemos con la entrevista.
Eliezer: Zulma, en los últimos años hemos visto aumentar las noticias sobre el descenso de los niveles de vacunación en América Latina y la aparición de brotes cada vez mayores de enfermedades que durante décadas parecían haber dejado de ser un problema, ¿no?
Audio de archivo, DW: Latinoamérica está a punto de superar a África como la región menos inmunizada del mundo. La vacunación ha descendido un 18% en la última década, según un informe de UNICEF…
Audio de archivo, France 24: El sarampión repunta en toda América y la situación es todavía más alarmante tomando en cuenta que la Copa Mundial de Fútbol comenzará en Norteamérica desde junio…
Eliezer: Y nos preguntamos si esta noción de que ya no eran un problema era real o solo no estábamos prestando suficiente atención. Entonces, para empezar, queríamos pedirte si nos puedes hacer, de forma muy general, un panorama de lo que ves hoy en la región sobre niveles de vacunación y control de enfermedades y cuán preocupante es realmente la situación en relación a lo que teníamos hace… no sé, diez años, veinte, el periodo que consideres más apropiado para evaluar.
Zulma: Pues, hoy en América Latina, lo que vemos es de cierta manera una mezcla de dos cosas: por un lado, sí, es cierto, nuestros programas de vacunación históricamente han sido muy fuertes, se ha hecho una inversión desde cada uno de los países y una coordinación también muy importante de toda la región a través de la Organización Panamericana de la Salud, que es una organización muy importante, especialmente para este tema de las vacunas, pero, por otro lado, hay una erosión ya real de esas coberturas de vacunación, sobre todo con unas brechas territoriales y sociales que van creciendo lentamente como pequeños poros, y eso se está traduciendo entonces cada vez más en brotes. Si lo comparamos con hace unos treinta años, una de las razones es que la región lograba mantener unas coberturas de vacunación, si se quiere, más homogéneas, pero cada vez lo que encontramos es que hay sitios, pequeños sitios que los podemos llamar bolsillos de susceptibles, en los cuales no se logra.
Eliezer: Van a escuchar varias veces la expresión “bolsillos de susceptibles”. Se refiere a grupos o lugares donde hay una cantidad importante de personas sin vacunar. Y ahí los virus pueden encontrar espacio para propagarse, incluso si el resto de una sociedad está protegida.
Zulma: Y eso está pasando cada vez más, eso es algo que no solo está pasando en América Latina, es algo que también está pasando en muchas regiones del mundo, que se agravó posterior a la pandemia, que en parte, porque la pandemia una de las cosas que causó es un desplazamiento. Cuando uno está en una situación de emergencia, tiene que desplazar recursos de un lado al otro para atender la emergencia. Eso pasó en casi todos los sistemas de salud del mundo. Y es que el personal, los recursos, la logística que se utilizaba para programas regulares como vacunación y ciertas otras cosas que se hacen de forma regular para programas en prevención, se tuvieron que traslada ese personal, esos recursos a atender la pandemia y eso hizo que se que se desatendiera, si se quiere, en la mayoría de los países estos programas y en casi todo el mundo bajaron las coberturas de vacunación en esos años y aunque post pandemia nos hemos venido recuperando, en muchos países esa recuperación no ha sido a la velocidad suficiente para compensar esas pérdidas de antes.
Eliezer: Antes de entrar a analizar más en detalle, tengo una duda muy básica. Aunque decimos enfermedades, la gran mayoría de las noticias que leemos son sobre el sarampión. Sobre todo en Norteamérica, ¿no? ¿Puedes explicarnos por qué el sarampión, qué tiene en particular esta enfermedad o su vacuna, y qué cosas intervienen para que sea el síntoma más visible de los problemas que hay hoy con la vacunación?
Zulma: Sarampión se puede decir que es el virus más transmisible que conocemos. La razón es porque el sarampión tiene unas características biológicas que hace que se pueda transmitir, inclusive compartiendo simplemente el aire en una habitación. Eso no pasa con muchos otros microorganismos en que necesitas, para transmitirlo, necesitas estornudar o necesitas contacto con secreciones o algo así. No, en sarampión, simplemente compartiendo el mismo aire es mucho más transmisible que COVID. Mucho, mucho más. Tal vez lo recordarás, Eliezer, de la pandemia que hablábamos, de este número reproductivo básico que es para todos los patógenos existe este número que lo medimos, de hecho, en cada epidemia, y es, en promedio, cuántas personas se infectan a partir del primer caso. Ese número, por ejemplo, hablamos que influenza es más o menos 1.5; COVID cuando apareció era aproximadamente 2.5, y luego fue mutando y subiendo hasta llegar hasta ocho. Sarampión: el promedio es de 12 a 18. Ese número es el más alto de todos los virus. Y entonces, entre más te mueves hacia un número grande, significa que requieres coberturas de vacunación más altas. Entonces, sarampión requiere las coberturas de vacunación por encima del 95% para evitar que se restablezcan epidemias de ese virus. Entonces, el panorama en las Américas es, por ahora, específicamente en sarampión. Canadá perdió la certificación de eliminación de sarampión en noviembre del año pasado, y con los brotes tan grandes que hay ahorita en Estados Unidos y en México, muy probablemente estos dos países se van a sumar en la evaluación que hace la OMS ahorita en abril se van a sumar a la lista de países que pierden la eliminación.
Archivo de audio, N+: La Organización Mundial de la Salud alertó sobre la rápida propagación del sarampión en personas no vacunadas. Reveló que Europa y Asia central enfrentan el nivel máximo de incidencia de esta enfermedad en 25 años…
Zulma: Y en esa misma lista ya están España, Reino Unido, Austria y otros cuantos en el mundo. De cierta manera, el sarampión es como ese canario de la mina, un marcador de cuando los sistemas de salud se van deteriorando. Pero no significa que las otras enfermedades no estén allí. De hecho, como te decía, es un marcador de que lo siguiente, si no controlas la situación, van a ser otras enfermedades.
Eliezer: Esa certificación que pierden los países, ¿se hace algún tipo de revisión periódica? ¿Cómo es que se pierde una certificación de que el país está libre de una enfermedad como el sarampión, por ejemplo?
Zulma: La OMS ha construido estas certificaciones de erradicación, es una de las certificaciones que se pueden tener, y luego vienen las de eliminación y luego las de control. Entonces son como tres niveles. La erradicación significa que ya no circula el patógeno en ninguna parte del mundo. La única enfermedad que ha erradicado el mundo es la viruela. O sea, nadie lo transmite, no hay riesgo de que se vuelva a transmitir y eso hace que ya se pueda abandonar la vacunación. Entonces, por eso, desde que se erradica la viruela esa vacuna ya no nos la ponemos. Ahora bien, luego siguen las categorías de eliminación. La eliminación significa que un país no tiene transmisión autóctona, pero sí sigue circulando el virus en alguna otra parte del mundo y ocasionalmente pueden llegar casos importados. Pero el país, dado que no tiene casos autóctonos, logra controlar el caso importado o los casos importados y mantiene su estatus de eliminación. Las Américas ha sido el único continente que se pudo declarar la eliminación de sarampión, es decir autóctono, en todas las Américas, desde Canadá hasta la Argentina en 2016 logró eliminarse. En 2018 tuvimos un brote muy grande que fue el brote de Venezuela, ustedes recordarán el brote más grande de sarampión, que fue de cierta manera una alerta de lo que estaba pasando en Venezuela en el deterioro de su sistema de salud.
Eliezer: Ese brote en Venezuela marcó un punto de inflexión. El país perdió en 2018 el estatus de eliminación del sarampión y, un año después, lo perdió Brasil. Y como la eliminación se mide a nivel regional, cuando un país vuelve a tener transmisión sostenida, toda la región retrocede.
El estatus volvió a alcanzarse en 2024, tras un esfuerzo coordinado entre países. Pero en noviembre de 2025 se volvió a perder, esta vez por un brote prolongado en Canadá. Para recuperarlo, los países deben pasar al menos un año sin transmisión continua.
Hacemos una pausa y volvemos.
Eliezer: Estamos de vuelta en El hilo.
Eliezer: Uno de los datos que uno solía leer con cierto orgullo es que América Latina ha sido un referente mundial en vacunación. O sea que la región lideró campañas que lograron eliminar enfermedades como la polio, la rubéola y el sarampión, y que fue clave en el esfuerzo internacional para erradicar la viruela. Queremos entender por qué vemos este retroceso después de tantos años de liderazgo en vacunación. Pero primero nos gustaría saber si puedes contar brevemente cómo es que llegamos a ser referentes. O sea, ¿gracias a qué? ¿Por qué pusimos los esfuerzos acá? Sí siempre hemos tenido desventajas de presupuesto y de infraestructura en comparación con otras regiones, claro.
Zulma: Sí, Eliezer, la historia creo que es muy importante contarla, pero, además, analizarla, y, seguramente, en estos tiempos y en el futuro va a ser una de las cosas muy importante también por comprender bien. Pero hay una cosa que yo creo que es muy importante, y es el papel que ha tenido la Organización Panamericana de la Salud en las Américas, porque no sé si recordarás, en estos días, que se ha hablado en la discusión de la crisis de la Organización Mundial de la Salud, de los sistemas multilaterales y, por ejemplo, Estados Unidos se salió de la Organización Mundial de la Salud, Argentina también. Entonces, algo interesante que la mayoría de la gente de pronto no tiene en mente es que la Organización Mundial de la Salud y el sistema de Naciones Unidas, pues es posterior a la Segunda Guerra Mundial. La OMS nace en 1948, pero la OPS es la única que es anterior a eso. La OPS nace en 1902, es la organización multilateral más antigua que existe y es de las Américas.Cuando esa OPS empezó, por eso, en general en las Américas, temas como la vacunación y, sobre todo, la vacunación siempre se alinearon mucho a esas a esa experiencia, capacidad técnica de la OPS. Y si tú ves las diferencias entre nuestros programas ampliados de inmunización en cualquier país, en América Latina, son mínimas entre uno y otro. Son programas bien estandarizados, con capacidad técnica, comprometidos con identidad. Entonces, esa es una de las razones que las Américas siempre estuvo muy al unísono en esos programas de vacunación. Ahora, los sistemas de salud, pues, nunca han sido perfectos en en las Américas, en América Latina y el Caribe, no. Y esto ya es una perspectiva personal. Creo que, de cierta manera, en nuestros países, al saber que los sistemas de salud no eran necesariamente tan buenos, la gente decía: “Al menos tengo la vacunación”; como que la vacunación siempre fue ese lugar seguro a donde ir. “Esto lo tengo, necesito esto para mis hijos, para mi familia. Sí, porque esto es algo seguro“. ¿Qué pasa mucho más recientemente? Por un lado, el tema de las vacunas se volvió un tema de disputas políticas, ideológicas, principalmente ampliado durante y posterior a la pandemia. Entonces esa es una arista muy importante. Y la otra es que los sistemas de salud siguieron fragmentándose, aumentando estas inequidades de cierta manera, donde estos bolsillos de susceptibles están creciendo. Yo creo que de hecho en América Latina menos rápido de lo que está pasando en muchas otras partes del mundo. Pero igual está sucediendo.
Eliezer: Recuerdo haber leído respecto de la vacunación que los dos mayores inventos o desarrollos que históricamente más han salvado vidas en salud pública, sobre todo para sociedades tan desiguales como las nuestras, han sido el agua potable y la vacunación. ¿Esto es así?
Zulma: Sí, definitivamente. El agua potable ha reducido grandemente los problemas que veíamos en el siglo pasado, digamos, diarreas principalmente e infecciones respiratorias. Ambas tienen relación con la calidad del agua, el agua potable y luego, por supuesto, las vacunas. Hay muchas otras cosas en salud pública que han sido enormemente importantes, como, por ejemplo, la suplementación de yodo para evitar el bocio. Pero digamos, en términos de tecnologías, las vacunas su ventaja es que la en la mayoría de las ocasiones requiere una o dos o tres dosis, ¿sí? Es muy diferente intervenciones de salud pública que requieren constantemente o todos los días, o tratamientos que requieren todos los días estar tomando medicamentos o siguiendo ciertos protocolos. La vacunación es una de esas herramientas sencillas, seguras, masivas y que, gracias a lo que llamamos la inmunidad de rebaño, que es algo muy particular de las vacunas, cuando se alcanza esa inmunidad de rebaño, ya dejamos de ver esas enfermedades. Pero para mantener la inmunidad de rebaño hay que seguir poniendo las vacunas en las siguientes generaciones. Entonces, la inmunidad de rebaño, digamos para sarampión, se alcanza con más de 95% de la población protegida, pero digamos, si un año en un país o en un municipio se baja, no es 95, sino 90% y al siguiente año 90% y al siguiente y ya cuando quieres retomar la senda, te quedaron unas generaciones; lo llamamos cortes, te quedaron unos grupos atrás que ya te queda difícil recuperar porque ya están mucho mayores, ya las estrategias que que que utilizas hoy en día para recuperar a los perdidos que no se vacunaron son mucho más complejas y entonces hacer ese catch up es lo que se vuelve complicado y te van quedando bolsillos y bolsillos de susceptibles donde se reinstaura la transmisión.
Eliezer: ¿Cuáles consideras que son las principales variables, o al menos las más determinantes, para el descenso en los niveles de vacunación que vemos hoy en distintas partes del continente? Por ejemplo, es evidente, y es algo que hemos hablado contigo antes, que la pandemia disparó y difundió una desconfianza hacia las vacunas que antes parecía restringida a grupos más extremos o marginales, ¿no? Y la desinformación, obviamente, se ha vuelto un negocio lucrativo. Pero, a la vez, las políticas públicas y las reglas de vacunación infantil en América Latina no han cambiado radicalmente, ¿no? O tal vez tú me dices que sí lo han hecho. ¿Por qué los sistemas de salud no han conseguido sostener los niveles históricos de vacunación, o al menos, los mínimos indispensables?
Zulma: Yo explico esta situación del descenso de las coberturas de vacunación en América Latina, particularmente en tres capas. La primera, la coyuntura de la pandemia, definitivamente; esta parte no es solo de América Latina, sino del mundo. La pandemia interrumpió esos servicios, desplazó personal, generó rezagos, y luego la recuperación, que ha seguido post pandemia, de esas coberturas de vacunación, ha sido parcial. Quedó de cierta manera una deuda de niños que no recibieron esos esquemas completos y seguimos en esa deuda. Entonces esa es la primera razón. La segunda es estructural. Los sistemas de salud en América Latina siempre han sido muy fragmentados y nunca se ha logrado solucionar esa fragmentación, de que si son privados, públicos, una combinación de esquemas en los que no todos reciben la misma calidad y acceso a ciertas tecnologías o a temas de preventivos. Entonces, esas barreras de acceso no se han podido superar. Y eso del mundo moderno, donde, digamos, cada vez los temas de los horarios, el transporte, los costos indirectos para ir hasta los sitios donde se aplican, por ejemplo, las vacunas. Entonces, cada vez, si tú le preguntas a las personas que trabajan en estos programas de vacunación en América Latina, cada vez es más difícil encontrar a ciertos grupos poblacionales. Cada vez no están en los horarios, toca buscarlos de noche, toca buscarlos muy de madrugada para poder vacunar a estos niños, o a los adultos, o los fines de semana. Entonces, cada vez es como más difícil alcanzar a ciertos grupos. Esas inequidades y esos bolsillos de inequidades dentro de las ciudades y también en zonas rurales, migrantes, comunidades dispersas, es cada vez más complejo ese fenómeno. Y la tercera razón, creo yo, es un tema como político comunicacional. Y es que el entorno informativo en general cambió, aunque las reglas formales de la vacunación no han cambiado, sí la capacidad de los Estados para sostener la confianza, combatir los rumores, hacer búsqueda activa, todo eso se volvió más exigente y la capacidad del Estado para ser tan rápido comunicacionalmente no creció tan rápido como sí ha crecido la capacidad comunicacional, por ejemplo, de quienes tienen eventualmente una mala experiencia con la vacuna o estos rumores que se van difundiendo mucho más rápido.
Eliezer: ¿Cuánto peso le atribuyes en estos tres factores que mencionabas, uno de ellos era el problema de la comunicación y de la información, ¿no? ¿Cuánto peso le atribuyes a la desinformación en lo que está pasando? ¿O sea, más allá de lo que pasó con las vacunas, que fueron desarrolladas en tiempo récord contra la COVID? Es difícil de entender que el escepticismo haya calado tan profundo cuando hablamos de vacunas previas, ¿no? Vacunas conocidas hace décadas, masivas, cuya efectividad está ampliamente demostrada. ¿Por qué crees que es tan efectivo hoy el discurso anti vacunas? ¿O no crees que sea tan determinante?
Zulma: Sí, el tema de la desinformación yo le atribuyó un peso muy grande en este momento, pero, pues, tiene matices, como todo. Entonces, en términos generales, no creo que la mayoría de la población, digamos, sea anti vacunas ideológicamente; es más amplio, es un tema de una combinación entre desinformación, esta fatiga institucional que te decía, el Estado y los Estados están tienen menos capacidad de llegar con información rápida versus lo que plataformas a través de redes sociales pueden hacerlo cualquier persona con malas experiencias de atención o barreras de acceso o algún problema eventualmente con alguna vacuna. Entonces, la velocidad a la que circula esta desinformación o estos casos particulares anecdóticos es mucho más rápida que la capacidad que pueden tener los Estados en este momento para corregir o simplemente dar la información adecuada. Entonces, lo que antes era de cierta manera como dudas normales que puede tener las personas frente a intervenciones en salud pública, esas dudas se van convirtiendo cada vez más en miedo. El miedo hace que la decisión de vacunarse se postergue y eventualmente se olvide o se rechace. Entonces, esa desinformación es más efectiva para disminuir la capacidad, o digamos, la toma de decisiones de las personas y la capacidad de los Estados para promocionar que las personas sí sigan las recomendaciones de vacunación, son menos eficaces. O sea, estamos teniendo un problema también de cuánto la gente está confiando también en la ciencia, en todo el status quo, digamos científico, en las recomendaciones de salud, digamos masivas. Entonces, es un fenómeno muy complejo, que creo que es uno de los grandes fenómenos en salud a estudiar en nuestro tiempo.
Es más sencillo para una persona seguirle recomendaciones en salud, de pronto, a alguna persona en redes sociales, que está contando de forma agradable o de forma más convincente una experiencia, que escuchar, por ejemplo, a un ministro de salud, ¿eh, sí? como la forma de la comunicación. Ahí hay un tema muy importante, y esto se suma con el malestar social, la polarización. Las vacunas terminan convirtiéndose también en un tema político y vemos, por ejemplo, cómo el equivalente a ministro de Salud de Estados Unidos es una persona que es abiertamente anti vacunas, ¿no? Entonces, llega este a ser un tema tan político, que termina influyendo en las decisiones políticas de los países.
Entonces, es una combinación de factores en donde vacunas, incluso con décadas de evidencia, se ven afectadas, porque, como cualquier intervención en salud pública, las vacunas no son perfectas. Es, en promedio, una y de las mejores intervenciones que existen. Los riesgos son mínimos en comparación con las enormes ventajas, pero no significa que, eventualmente, en casos anecdóticos o a una de cada cierto millón de dosis, exista un pequeño efecto adverso que esto se amplifica. Y, en el mundo actual en que vivimos, esa información resulta siendo, para muchas personas, más relevante que el promedio general, que es contado, digamos, por científicos o por autoridades sanitarias. Es un tema muy complejo.
Eliezer: Hay un asunto que parece imposible de separar cuando pensamos en los casos en que no vacunarse no es un problema de que vives muy lejos, de que no llega del sistema de salud, sino que no vacunarse es la decisión personal de un adulto, ¿no? Y es como cierta aceptación o perder la vergüenza a tener como un individualismo extremo respecto de esto, gente que está convencida de que puede salvarse sola, ¿no? Y que piensa o que lo dice en voz alta, que, en todo caso, si le pasa algo, es un problema de ellos, ¿no? No es un problema de los demás ni del Estado. ¿Por qué esto no funciona así con las vacunas?
Zulma: Con las vacunas sucede que tenemos este fenómeno de la inmunidad de rebaño. La inmunidad de rebaño nos protege a todos, pero también protege a quienes no se vacunan. Tal vez la gente no tiene esto en mente, pero hay personas que no se pueden vacunar. Entonces, por ejemplo, hay ciertas vacunas que tienen contenido de huevo, se hacen con huevo y entonces las personas que son alérgicas al huevo no se pueden vacunar. O ciertas personas que tienen cierto tipo de enfermedades no pueden recibir vacunas, por ejemplo, que son atenuadas. Entonces, personas inmunosuprimidas en terapias, por ejemplo, por artritis reumatoide, etcétera, etcétera, que están recibiendo inmunosupresores, no pueden recibir ciertas vacunas. ¿Qué pasa? La inmunidad de rebaño de quienes sí se vacunan protege a los no vacunados. Por ejemplo, hay bebés que no pueden recibir las vacunas. Entonces, sus papás vacunados actúan como un escudo que protege a ese bebé. Eso lo vimos mucho ahorita en los brotes de tosferina, en que, por ejemplo, los papás no estaban vacunados y el bebé no quedaba protegido a través de la inmunidad de rebaño. Entonces, cuando se habla de que las vacunas son una intervención individual pero colectiva, significa eso: que cuando nos vacunamos, no solo nos protegemos a nosotros mismos, sino que estamos protegiendo a los que están alrededor nuestro, con quienes tenemos contacto.
Y como las vacunas no son perfectas, ocasionalmente puede haber infecciones entre vacunados, pero entre más vacunados haya alrededor de la persona que está más susceptible, pues menos probabilidad va a ver de que se vea estos brotes.Y sí, esa es una característica, digamos, de estas ideas individualistas en términos de vacunación, pues son peligrosas realmente, porque en el caso de las enfermedades infecciosas, las vacunas actúan como ese escudo, y es ahí donde las vacunas las podemos ver como una forma en que contribuimos no solo a nuestra salud, sino a la salud de los demás.
Eliezer: Zulma, si el sarampión sigue circulando de manera sostenida en la región, ¿qué consecuencias podemos esperar? No solo en términos de mortalidad infantil, sino también de presión sobre los sistemas de salud y retrocesos sanitarios más amplios. ¿Cuánto pueden agravar la situación, por ejemplo, en este contexto, eventos masivos como el Mundial de fútbol? Justo estábamos hablando de Norteamérica, ¿no? De los brotes en Canadá, en Estados Unidos y en México.
Zulma: Específicamente, el sarampión es más letal que COVID, más o menos tres veces, imagínatela tres veces superior a COVID. Esa es la cifra, es muy alta. Entonces, si estas tasas de vacunación siguen cayendo a una velocidad muy importante, y eso, pues, que el país, México, está haciendo lo posible también por contrarrestar esto y vacunar en este momento. Pero esos bolsillos que te digo son susceptibles, siguen abiertos, sigue siendo muy complejo. Entonces, en la Región de las Américas, ¿y si no hacen los sistemas de salud y la población en general? Si las sociedades no hacemos esfuerzos importantes por recuperar esas coberturas y, al contrario, si siguen bajando, vamos a ver presiones de los sistemas de salud, no solo por sarampión, sino también por infecciones que siguen, tosferina, rubéola. Muchas de esas infecciones tienen desenlaces fatales, muy graves, o incapacidades. Por ejemplo, el sarampión puede causar sordera, rubéola, ceguera, y sarampión también, hasta 10% de las personas que se infectan terminan hospitalizadas. Muchas muy graves en UCI por durante muchos días. Es un virus que altera mucho el sistema inmune. Entonces, ya estamos viendo esa presión. Por ejemplo, en México, en este momento, con el brote que tienen.
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Archivo de audio, El Heraldo: De acuerdo con la Secretaría de Salud, ya suman 31 personas muertas por sarampión en el país…
Zulma: Luego, atender un brote es mucho más costoso para los sistemas de salud que prevenirlo, y entonces esto necesariamente va a tener impacto luego fiscalmente en los sistemas de salud. Entonces, los impactos no solo son el número de casos, sino también el número de muertes, hospitalizaciones y el deterioro cada vez más complejo de manejar de los sistemas de salud.
Eliezer: Incluso frente a la crisis actual, hay países que destacan por buenas coberturas de vacunación y campañas contra la desinformación. ¿Quiénes son estos referentes y qué están haciendo distinto en la región?
Zulma: Yo quisiera rescatar principalmente prácticas. ¿Cuáles son esas prácticas que algunos países o incluso municipios y ciudades están siguiendo? ¿Dónde están mejorando las coberturas de vacunación? Y lo voy a resumir en estas: por un lado, una mayor inversión en atención primaria con vacunación cercana. ¿Qué significa esto? Comprender que la sociedad moderna tiene complejidades en términos de transporte, horarios, puntos comunitarios, escuelas, mucho trabajo comunitario. Entonces, ese es un primer punto. Un segundo punto es que nos toca llegar a lo que llamamos la epidemiología de precisión.
Eliezer: Lo que se llama epidemiología de precisión es un nuevo enfoque que integra datos genómicos, moleculares, ambientales y de estilo de vida para focalizar la prevención, el diagnóstico y control de enfermedades en la población. Usa datos masivos y modelos matemáticos para identificar factores de riesgo específicos y mejorar la toma de decisiones. Este cambio de paradigma supone una inversión considerable en infraestructura tecnológica.
Esto significa que se pueda hacer seguimiento, los sistemas de salud puedan saber dónde están, qué características sociales, económicas, culturales pueden tener las personas, dónde hay estos bolsillos de susceptibles, y eso a la vez también permite hacer microplanificación, por grupos culturales, por grupos sociales, donde hay que invertir mucha más esfuerzo en llevar de forma mucho más creativa la educación, la información, las vacunas, barrio por barrio, comunidad por comunidad, y, por supuesto, lo otro que hacen muy importante en estos sitios, es una comunicación pública consistente, voceros confiables, trabajo directo con las comunidades. Y esos son los temas que yo consideraría más importantes para que los sitios puedan tener mayor éxito en recuperar esas tasas de vacunación.
Eliezer: Hacemos una pausa y volvemos.
Eliezer: Estamos de vuelta en El hilo.
Eliezer: Nos gustaría terminar con un par de preguntas que son un poco más de apreciación personal. Tenemos la fortuna de poder conversar contigo y consultarte sobre esto. Pero qué cosas te gustaría que la gente supiera, o sobre la vacunación, o sobre las enfermedades, o sobre las epidemias o la salud pública, que es fácil de ver o entender si eres científica y trabajas en salud, pero es difícil dimensionar desde afuera.
Zulma: Bueno, algo que me gustaría que, de pronto, mucha gente supiera es que las epidemias ocurren de cierta manera en esta sociedad moderna, por un fenómeno de acumulación de problemas. No ocurren de un día para otro; se van construyendo silenciosamente estas fallas en los sistemas de salud y dejamos crecer estas brechas de vacunación, por ejemplo, y empezamos a ver epidemias que pensábamos que ya no existían, pero que teníamos controladas gracias a que esas intervenciones siempre las tuvimos muy claras y la población siempre estuvo muy atenta a seguir, por ejemplo, en términos de vacunación, estas recomendaciones.
Entonces, la idea de que las personas en este momento no vean estas epidemias que, de pronto, vieron nuestros abuelos o nuestros tatarabuelos, la razón principal es porque nos estábamos vacunando. Y mucha gente piensa que: “Como ya no las veo, no debo vacunarme ni a mis hijos. ¿Para qué les pongo estas vacunas?” Pero la realidad es que, justamente, porque siempre las mantuvimos, no las veíamos. Eso es lo que se llama la maldición del éxito de las vacunas. Y, justamente, que nos sirven como una estrategia para controlar algo que, luego, la gente no ve y piensa que ya no las necesita. Eso me gustaría que la gente supiera para que valoráramos que las vacunas son de cierta manera un bien social. Es algo que no es solo un tema individual, es algo que es de esas cosas que generan un beneficio social, un ahorro a los sistemas de salud. Entre más vacunas y tasas de vacunación tengamos altas, por ejemplo, se reduce la necesidad de antibióticos. Entonces, son tantos los impactos positivos que tiene sobre los sistemas de salud y sobre la sociedad que me gustaría que la las personas pudieran entender que realmente son muy importantes para el bienestar social.
Eliezer: Para terminar, yo pienso a veces, con cierta desesperación, cuando leo las noticias en esto que en algún momento decíamos o nos aferrábamos a eso durante la pandemia, es: “De aquí vamos a salir mejores”, ¿no? Y estamos en 2026, y a veces hay que explicarle a la gente literalmente que la Tierra es redonda. Y lo pienso desde mi lugar como periodista, y yo no soy científico ni epidemiólogo. Tú recién decías, no es solamente una desconfianza hacia las vacunas en general, sino también está siendo puesta en duda, digamos, algunas certezas sobre la ciencia, ¿no? Tal vez tú tenías un tío loco que en las fiestas se aguantaba de hablar de sus conspiraciones y de pensar que él sabía más que el 90% de los científicos del mundo respecto de las vacunas, ¿no? Ahora, esto es como no hay de nuevo una vergüenza respecto de pensar que tú sabes más que el conocimiento científico acumulado sobre esto. ¿Qué piensas tú como científica, como alguien que ha dedicado tantos años al estudio de esto y ha trabajado y ha visto las consecuencias? ¿Cómo haces para sobreponerte? ¿Qué piensas en esos momentos? ¿Qué piensas cuando ves estos problemas?
Zulma: Qué pregunta tan difícil, Eliezer. Mmm, bueno, yo creo que es necesario para la ciencia y para los científicos y científicas, las personas que nos dedicamos a esto, también analizar por qué hemos llegado hasta acá. Digamos, mi visión muy personal de esto es, en este mundo posmoderno en el que vivimos, donde, digamos, existen muchas posibilidades de verdades y de realidades; esos fenómenos, mucho más anecdóticos, menos comunes o de grupos muy específicos, ganan tanta relevancia pública. Yo creo que también los científicos y científicas debemos preguntarnos: bueno, ¿cómo leemos este mundo moderno, este mundo posmoderno, si se quiere? ¿Cómo, cómo interpretamos científicamente esto? Y significa también que, desde la ciencia, tenemos que revalorizar cómo identificamos esas particularidades cuando son relevantes para cierto fenómeno que pueda ser explicado. Y estas particularidades, también en ciencia, implican incertidumbre. Entonces, digamos muchos errores y sí se cometieron, yo creo en el pasado, cuando por ejemplo, se comunicaba, no sé, esta intervención funciona perfectamente y no funciona perfectamente a veces no funciona en el 1% de los casos, pero ese 1% es relevante y es importante decirlo desde el comienzo. La eficacia no es 100%. Por eso te digo, por ejemplo, la primera dosis de sarampión. Su eficacia es 92%. Si le agregas la segunda dosis, la eficacia se vuelve 97%. Tenemos certeza de eso. Esa certeza es muy importante comunicarla así. Significa que ahora gente que se va a infectar aún estando vacunada cuenta con el 3% y hacer que la población pueda entender esta sutileza, si se quieren científicas, implica que tenemos que trabajar más en que la ciencia sea cercana a la gente y estas particularidades pueda la ciencia explicarlas. Cuando una persona, por ejemplo, se infecta, a pesar de que esté vacunada, eso es explicable científicamente. Pero tenemos que ser capaces, yo creo, de comunicar estos detalles y mantener la esperanza de que esto, pues, es muy importante, que científicos y científicas también salgamos a este espacio público donde también estamos defendiendo una postura que se construye cómo se construye el conocimiento a través del método científico y, pues, como todo, tenemos que ganarnos ese lugar también, si se quiere, socialmente, de forma más masiva, en las nuevas tecnologías, en que la gente comprenda la diferencia entre cuando un conocimiento es construido científicamente, versus anecdóticamente, y creo que eso sí requiere mucha paciencia y que no perdamos la fe y la esperanza y el trabajo en que tenemos que ir hacia allá.
Eliezer: Zulma, muchísimas gracias por hacerte un tiempo para hablar con nosotros.
Zulma: No, muchas gracias a ti, Eliezer, por la entrevista.
Jesus Delgadillo: Este episodio fue producido por mí, Jesus Delgadillo. Lo editaron Daniela Cruzat y Eliezer. Desirée Yépez hizo la verificación de datos. El diseño de sonido es de Elías González y la música es de él y Rémy Lozano.
El resto del equipo de El hilo incluye a Samantha Proaño, Franklin Villavicencio, Lisa Cerda, Diego Corzo, Natalia Ramírez, Paola Alean, Camilo Jiménez Santofimio, Elsa Liliana Ulloa y Daniel Alarcón. Carolina Guerrero es la CEO de Radio Ambulante Studios. Nuestro tema musical lo compuso Pauchi Sasaki.
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Transcript:
The following English translation was generated with the assistance of artificial intelligence and has been reviewed and edited by our team for accuracy and clarity.
Eliezer: Welcome to El Hilo, a podcast from Radio Ambulante Studios. I’m Eliezer Budasoff. Silvia Viñas is on vacation this week.
By June of this year, when the 2026 FIFA World Cup kicks off, all three host countries are very likely to have lost their measles-free status. Canada lost it at the end of last year. The United States and Mexico are on the verge of losing it too. Millions of people are expected to visit the North American cities where matches will be played. And measles is the most contagious virus known to science.
The situation is a ticking time bomb, but it’s also a symptom: we have a vaccination problem that has been growing since before the pandemic. A couple of years ago, UNICEF reported that, over a decade, Latin America and the Caribbean had gone from having one of the highest childhood vaccination rates in the world to one of the lowest. This week, Mexico updated the death toll from the measles outbreak that has been affecting the country for months: it now stands at 31 people.
We need to understand why, in 2026, we are talking about deaths from preventable diseases, and any narrow, short-term explanation seems insufficient — especially when we consider that Latin America once developed one of the most successful vaccination systems in the world. Throughout the 20th century, the region coordinated massive immunization campaigns that made it possible to eliminate smallpox and polio, and to bring under control diseases that had caused millions of deaths across generations. It was an extraordinary achievement for societies as unequal as ours.
To understand what factors have eroded this progress, and what the consequences could be if the trend is not reversed, we spoke with Zulma Cucunubá, a doctor in infectious disease epidemiology and director of the Institute of Public Health at Universidad Javeriana.
It is February 20, 2026.
We’ll take a short break and be right back with the interview.
Eliezer: Zulma, in recent years we’ve been seeing more and more news about falling vaccination rates in Latin America and the reemergence of increasingly large outbreaks of diseases that, for decades, seemed to have stopped being a problem, right?
Archival audio, DW: Latin America is on the verge of overtaking Africa as the least immunized region in the world. Vaccination has declined by 18% over the past decade, according to a UNICEF report…
Archival audio, France 24: Measles is making a comeback across the Americas, and the situation is even more alarming given that the FIFA World Cup will begin in North America in June…
Eliezer: And we wondered whether this notion that these diseases were no longer a problem was real, or if we just hadn’t been paying close enough attention. So, to start, we’d like to ask you to give us a very general overview of what you see today in the region regarding vaccination coverage and disease control — and how serious the situation really is compared to, say, ten or twenty years ago, or whatever timeframe you think is most appropriate for the assessment.
Zulma: Well, what we see in Latin America today is, in a way, a mix of two things. On the one hand, yes, it’s true — our vaccination programs have historically been very strong. There has been investment from each individual country, as well as crucial coordination across the entire region through the Pan American Health Organization, which is a very important body, especially on the issue of vaccines. But, on the other hand, there is already a real erosion of vaccination coverage, particularly with territorial and social gaps that are slowly widening — like small pores — and that is increasingly translating into outbreaks. If we compare it to thirty years ago, one of the reasons the region managed to maintain relatively more homogeneous vaccination coverage back then is that today we increasingly find pockets — small pockets that we call “susceptible pockets” — where that coverage is no longer achieved.
Eliezer: You will hear the expression “susceptible pockets” several times throughout this episode. It refers to groups or places where there is a significant number of unvaccinated people. These are spaces where viruses can find room to spread, even if the rest of society is protected.
Zulma: And that is happening more and more — not just in Latin America, but in many regions of the world. It was made worse by the pandemic, partly because one of the things the pandemic caused was a displacement. When you’re in an emergency situation, you have to shift resources from one place to another to address the emergency. That happened in almost every health system in the world. The personnel, the resources, and the logistics used for regular programs like vaccination and other routine preventive activities had to be redirected to address the pandemic. That led to these programs being neglected in most countries, and vaccination coverage dropped almost everywhere. And although we’ve been recovering in the post-pandemic period, in many countries that recovery has not been fast enough to make up for the earlier losses.
Eliezer: Before we go into more detail, I have a very basic question. Although we talk about diseases in general, the vast majority of the news we read is about measles — especially in North America. Can you explain why? What is particular about measles, or its vaccine, and what factors make it the most visible symptom of the vaccination problems we face today?
Zulma: Measles can be said to be the most transmissible virus we know of. The reason is that measles has certain biological characteristics that allow it to spread simply by sharing the air in a room. That doesn’t happen with many other microorganisms, where transmission requires a sneeze or contact with secretions or something like that. With measles, simply breathing the same air is enough — it is far more transmissible than COVID. Much, much more so. You may remember, Eliezer, from the pandemic, that we talked about the basic reproductive number: for every pathogen, there is a number we measure in each epidemic, which represents, on average, how many people are infected by the first case. That number is about 1.5 for influenza; when COVID first appeared it was approximately 2.5, and then it mutated and rose to as high as eight. For measles, the average is 12 to 18 — the highest among all known viruses. And the higher that number, the higher the vaccination coverage required. Measles requires coverage above 95% to prevent epidemics from re-establishing themselves. The current picture in the Americas is that Canada lost its measles elimination certification in November of last year, and given the very large outbreaks now occurring in the United States and Mexico, both countries are very likely to be added to the list of countries that lose elimination status when the WHO conducts its review this April.
Archival audio, N+: The World Health Organization has warned about the rapid spread of measles among unvaccinated people. It revealed that Europe and Central Asia are facing the highest incidence levels of this disease in 25 years…
Zulma: And Spain, the United Kingdom, Austria, and several others around the world are already on that same list. In a way, measles serves as a kind of canary in the coal mine — an indicator of when health systems are deteriorating. But that doesn’t mean other diseases aren’t lurking. In fact, as I was saying, it is a warning sign that, if the situation isn’t brought under control, other diseases will follow.
Eliezer: That certification that countries lose is subject to periodic review? How does a country actually lose its certified status as free from a disease like measles?
Zulma: The WHO has established eradication certifications — that is one of the levels of certification available — and then there are elimination certifications, and then control. So there are essentially three levels. Eradication means the pathogen no longer circulates anywhere in the world. The only disease humanity has ever eradicated is smallpox. No one transmits it, there is no risk of it spreading again, which means vaccination against it can be abandoned. That is why, since smallpox was eradicated, that vaccine is no longer given. After that come the elimination categories. Elimination means that a country has no endemic transmission, but the virus continues to circulate somewhere else in the world, and imported cases may occasionally arrive. Because the country has no indigenous cases, it is able to contain those imported cases and maintain its elimination status. The Americas was the only continent to declare measles elimination — meaning no endemic cases anywhere from Canada to Argentina — which was achieved in 2016. In 2018, we had a very large outbreak in Venezuela, which you will probably remember as the biggest measles outbreak in the region — in a way, it was an early warning of what was happening with Venezuela’s deteriorating health system.
Eliezer: That outbreak in Venezuela marked a turning point. The country lost its measles elimination status in 2018, and a year later, Brazil lost it too. And since elimination is measured at the regional level, when one country resumes sustained transmission, the entire region falls back.
The status was regained in 2024, after a coordinated effort among countries. But in November 2025, it was lost again — this time due to a prolonged outbreak in Canada. To recover it, countries must go at least one year without continuous transmission.
We’ll take a short break and be right back.
Eliezer: We’re back on El Hilo.
Eliezer: One piece of data that used to be read with a certain pride is that Latin America has been a global benchmark in vaccination — that the region led campaigns that managed to eliminate diseases like polio, rubella, and measles, and that it played a key role in the international effort to eradicate smallpox. We want to understand why we are seeing this rollback after so many years of leadership in vaccination. But first, we’d like to know if you can briefly explain how the region came to be a benchmark. What drove it? Why was so much effort invested here, when the region has always faced budget and infrastructure disadvantages compared to others?
Zulma: Yes, Eliezer, I think this history is very important to tell — and to analyze — and it will certainly be one of the most important things to understand well, both now and in the future. But there is one thing I think is crucial: the role that the Pan American Health Organization has played in the Americas. I don’t know if you’ve been following the discussions in recent days about the crisis surrounding the World Health Organization and multilateral systems — for instance, the United States and Argentina have both withdrawn from the WHO. Something interesting that most people may not realize is that the World Health Organization and the United Nations system came after World War II. The WHO was founded in 1948, but PAHO is the only one that predates it. PAHO was founded in 1902, making it the oldest multilateral organization in existence — and it belongs to the Americas. From its very beginning, PAHO meant that, in the Americas, issues like vaccination were always closely aligned with that institution’s experience and technical capacity. If you look at the differences between the Expanded Immunization Programs in any country across Latin America, the differences are minimal. They are well-standardized programs, with strong technical expertise and a committed identity. That is one of the reasons the Americas has always moved in near-perfect alignment on vaccination. Now, health systems have never been perfect in Latin America and the Caribbean. And this is a personal perspective. I think that in our countries, knowing that health systems weren’t necessarily that strong, people used to say: “At least I have vaccination.” Vaccination was always that safe harbor. “This I have. I need this for my children, for my family. Because this is something reliable.” What has changed more recently? On the one hand, vaccines became a battleground for political and ideological disputes, amplified mainly during and after the pandemic. That is one very important dimension. The other is that health systems have continued to fragment and inequalities have continued to grow — which is where these pockets of susceptibility are expanding. I actually think this is happening more slowly in Latin America than in many other parts of the world. But it is happening nonetheless.
Eliezer: I remember reading that the two greatest inventions or developments that have historically saved the most lives in public health — especially for societies as unequal as ours — have been clean drinking water and vaccination. Is that accurate?
Zulma: Yes, absolutely. Clean drinking water has greatly reduced the problems we saw in the last century — primarily diarrheal diseases and respiratory infections. Both are linked to water quality. And then, of course, vaccines. There are many other public health interventions that have been enormously important, such as iodine supplementation to prevent goiter. But in terms of technologies, vaccines have the advantage that, in most cases, they require just one, two, or three doses. That is very different from public health interventions that require continuous effort — treatments taken every day or protocols followed continuously. Vaccination is one of those simple, safe, scalable tools that, thanks to what we call herd immunity — something very specific to vaccines — once that threshold is reached, allows us to stop seeing those diseases. But to maintain herd immunity, vaccines must continue to be given to subsequent generations. Herd immunity for measles, for example, is reached when more than 95% of the population is protected. But if one year, in a country or municipality, coverage drops — not to 95% but to 90% — and the following year it stays at 90%, and then the year after that too — by the time you want to get back on track, you’ve left whole cohorts behind. We call them cohorts: groups that were left unprotected, increasingly difficult to recover because they are now much older, and the catch-up strategies are far more complex. That process becomes very complicated, and you end up with pocket after pocket of susceptible individuals where transmission reestablishes itself.
Eliezer: What do you consider to be the main factors — or at least the most decisive ones — driving the decline in vaccination coverage we see today in different parts of the continent? For example, it’s clear — and it’s something we’ve discussed with you before — that the pandemic accelerated and spread a distrust of vaccines that had previously seemed confined to more extreme or fringe groups, right? And misinformation has obviously become a lucrative business. Yet at the same time, public policies and childhood vaccination rules in Latin America haven’t changed radically, have they? Or perhaps you’d tell me they have. Why have health systems failed to sustain historical vaccination levels — or at least the essential minimum?
Zulma: I explain the decline in vaccination coverage in Latin America in three layers. The first is the immediate context of the pandemic — and this is not just a Latin American issue, it’s global. The pandemic disrupted services, displaced personnel, created backlogs, and the post-pandemic recovery of vaccination coverage has been partial. There is now a debt of children who did not complete their vaccination schedules, and we are still carrying that debt. That is the first reason. The second is structural. Health systems in Latin America have always been highly fragmented, and that fragmentation has never been resolved — whether systems are private, public, or a combination of models where not everyone receives the same quality and access to technologies or preventive services. These access barriers have not been overcome. And in the modern world, where schedules, transportation, and the indirect costs of traveling to vaccination sites have become more complex, it is increasingly difficult to reach certain population groups. If you ask the people who work in these vaccination programs in Latin America, they will tell you it keeps getting harder to find certain groups — people aren’t available during usual hours; you have to look for them at night, very early in the morning, on weekends, just to vaccinate children or adults. Inequalities and pockets of inequity within cities and in rural areas, among migrants and dispersed communities, are making the problem ever more complex. The third reason, I believe, sits at the intersection of politics and communication. The overall information environment has changed. Even though the formal vaccination rules haven’t changed, the ability of governments to sustain public trust, combat rumors, and actively seek out unvaccinated people has become far more demanding. The state’s capacity to communicate quickly has not kept pace with the communication capacity of those who have had a bad vaccine experience or who spread rumors that travel far faster.
Eliezer: How much weight do you give to misinformation among those three factors you mentioned — one of which was the communication and information problem? How significant is it? Beyond what happened with the COVID vaccines developed in record time, it’s hard to understand how skepticism has taken such deep root when we’re talking about earlier vaccines — vaccines known for decades, widely used, whose effectiveness is thoroughly documented. Why do you think anti-vaccine rhetoric is so effective today? Or do you not think it’s that decisive a factor?
Zulma: Yes, I would assign a great deal of weight to misinformation right now — though, like everything, it has nuances. In general terms, I don’t think the majority of the population is ideologically anti-vaccine. It’s broader than that — a combination of misinformation and institutional fatigue — governments have less capacity to deliver fast, accurate information compared to what individuals can do through social media, especially those with bad service experiences, access barriers, or an occasional problem with a vaccine. The speed at which this misinformation, or these isolated anecdotes, spreads is far greater than the capacity states currently have to correct it or simply provide adequate information. So what used to be the normal doubts people might have about public health interventions are increasingly turning into fear. Fear leads to the decision to vaccinate being postponed — and eventually forgotten or rejected altogether. This misinformation is more effective at undermining people’s decision-making than the state’s ability to promote adherence to vaccination recommendations. In other words, we are also facing a problem with how much people trust science, the entire scientific establishment, and broad public health recommendations. It is a very complex phenomenon — one I believe is among the great public health challenges of our time.
It is easier for a person to follow health recommendations from someone they encounter on social media who shares their experience in an appealing or persuasive way, than to follow, for example, a health minister — the manner of communication matters enormously. This, combined with social discontent and polarization, means vaccines end up becoming a political issue as well. We see, for example, how the equivalent of the U.S. Secretary of Health is someone who is openly anti-vaccine. When the topic becomes this politically charged, it ends up influencing policy decisions across countries.
So it is a combination of factors where vaccines — even with decades of evidence behind them — end up being undermined, because, like any public health intervention, they are not perfect. On average, they are among the best interventions available. The risks are minimal compared to the enormous benefits, but that doesn’t mean that occasionally, in rare cases or in perhaps one in a certain number of million doses, a minor adverse effect can occur — and that gets amplified. In today’s world, for many people, that information ends up feeling more relevant than the overall average communicated by scientists or health authorities. It is a very complex issue.
Eliezer: There is an issue that seems impossible to separate when we think about cases where not vaccinating isn’t about living too far away or the health system being out of reach — but where not vaccinating is the personal choice of an adult, right? It’s like a certain acceptance, or losing the shame, around an extreme individualism when it comes to this — people who are convinced they can save themselves on their own, who think or say out loud that if something happens to them, it’s their problem, not anyone else’s and not the state’s. Why doesn’t that logic work with vaccines?
Zulma: With vaccines, we have the phenomenon of herd immunity. Herd immunity protects all of us, but it also protects those who aren’t vaccinated. People may not realize this, but there are individuals who cannot be vaccinated. For example, some vaccines contain egg-based components, meaning people who are allergic to eggs cannot receive them. Certain people with specific medical conditions cannot receive attenuated vaccines either. Immunosuppressed individuals — those on therapies for rheumatoid arthritis, for instance — are receiving immunosuppressants and cannot receive certain vaccines. So what happens? The herd immunity created by those who are vaccinated protects those who cannot be vaccinated. For example, there are babies who cannot receive vaccines. Their vaccinated parents act as a shield that protects that baby. We saw this clearly in the recent whooping cough outbreaks, where unvaccinated parents were unable to protect their babies through herd immunity. So when we say vaccines are both an individual and a collective intervention, that is exactly what it means: when we get vaccinated, we are not only protecting ourselves — we are protecting the people around us, those we are in contact with.
And since vaccines are not perfect, infections can occasionally occur among vaccinated people. But the more vaccinated people there are surrounding someone who is more susceptible, the lower the probability of seeing outbreaks. Those individualistic views on vaccination are genuinely dangerous, because in the case of infectious diseases, vaccines act as a shield. That is where we can think of vaccines as a way we contribute not only to our own health, but to the health of others.
Eliezer: Zulma, if measles continues to circulate in a sustained way throughout the region, what consequences can we expect — not only in terms of child mortality, but also in terms of pressure on health systems and broader health setbacks? How much might large-scale events, like the World Cup, worsen the situation? We were just talking about North America — the outbreaks in Canada, the United States, and Mexico.
Zulma: Specifically, measles is more lethal than COVID — roughly three times more so. Imagine that: three times higher than COVID. That figure is very significant. So if vaccination rates continue to fall considerably — and Mexico is currently doing everything it can to vaccinate — those susceptible pockets remain open and still very difficult to close. In the Americas region, if health systems and the general population do nothing, if societies fail to make serious efforts to recover coverage and rates continue to fall, we will see pressure on health systems — not just from measles, but also from whooping cough, rubella, and other infections that continue to circulate. Many of these have fatal or very serious outcomes, or cause disabilities. For example, measles can cause deafness; rubella can cause blindness, and so can measles; and up to 10% of people infected with measles end up hospitalized — many severely ill in the ICU for many days. It is a virus that severely disrupts the immune system. We are already seeing that pressure right now, for example in Mexico, with the outbreak they are currently experiencing.
Archival audio, Excelsior: Mexico has already surpassed nine thousand confirmed cases, according to official records obtained since last year. However, in just the first five weeks of this year, states such as Jalisco have recorded significant increases, surpassing 1,500 cases…
Archival audio, El Heraldo: According to the Ministry of Health, the death toll from measles in the country has now reached 31 people…
Zulma: Furthermore, containing an outbreak is far more costly for health systems than preventing one — and that will inevitably have a fiscal impact as well. So the consequences are not only measured in case numbers: they also include deaths, hospitalizations, and the increasingly complex and difficult-to-manage deterioration of health systems.
Eliezer: Even in the face of the current crisis, there are countries that stand out for strong vaccination coverage and effective campaigns against misinformation. Who are these examples, and what are they doing differently in the region?
Zulma: I would like to highlight specific practices above all. What are the practices that some countries — or even municipalities and cities — are following? Where is vaccination coverage improving? I’ll summarize them as follows: first, greater investment in primary care with accessible, community-level vaccination. What does that mean? Understanding that modern society has complexities in terms of transportation, schedules, community meeting points, schools, and extensive community outreach. That is the first point. A second point is that we need to move toward what is called precision epidemiology.
Eliezer: What is called precision epidemiology is a new approach that integrates genomic, molecular, environmental, and lifestyle data to target disease prevention, diagnosis, and control within populations. It uses large datasets and mathematical models to identify specific risk factors and improve decision-making. This paradigm shift requires considerable investment in technological infrastructure.
This means that health systems can track and know where susceptible pockets are located, what social, economic, and cultural characteristics those populations have — and that, in turn, enables micro-planning by cultural group, by social group, where far more creative effort must be invested in bringing education, information, and vaccines neighborhood by neighborhood, community by community. And, of course, the other thing that places doing this well prioritize is consistent public communication, trusted voices, and direct community engagement. Those are the things I would consider most important for communities to have greater success in recovering vaccination rates.
Eliezer: We’ll take a short break and be right back.
Eliezer: We’re back on El Hilo.
Eliezer: We’d like to close with a couple of questions that are a bit more personal. We have the privilege of being able to speak with you and consult you on this. But what are the things you wish people knew — about vaccination, about diseases, about epidemics, or about public health — that are easy to see and understand if you are a scientist working in this field, but hard to grasp from the outside?
Zulma: Well, something I wish more people understood is that epidemics in modern society occur through an accumulation of problems. They don’t happen overnight. These failures in health systems build silently, and we let these vaccination gaps grow, and then we begin to see epidemics we thought no longer existed — diseases we had under control precisely because those interventions were always in place and the population always followed the recommendations, for example in terms of vaccination.
So the reason people today don’t see the epidemics that their grandparents or great-grandparents witnessed is primarily that we were vaccinating. And many people think: “Since I don’t see these diseases anymore, I don’t need to vaccinate myself or my children. Why would I give them these vaccines?” But the reality is that it is precisely because we always maintained vaccination that we didn’t see those diseases. This is what is called the “curse of vaccine success” — vaccines serve as a strategy to control something that, as a result, people no longer see and therefore think they no longer need. I wish people understood that, so they would recognize that vaccines are, in a sense, a social good. It is not just an individual matter. It is one of those things that generates a social benefit, that saves health systems money. The higher our vaccination rates, the more we can reduce the need for antibiotics, for instance. The positive impacts on health systems and on society are so numerous that I wish people could understand that vaccines are truly vital to social well-being.
Eliezer: To close, I sometimes think, with a certain sense of despair, when I read the news — about something we used to say, or at least clung to, during the pandemic: “We’re going to come out of this better.” And here we are in 2026, sometimes having to literally explain to people that the Earth is round. I think about this from my position as a journalist — I’m not a scientist or an epidemiologist. You were just saying it’s not only distrust of vaccines specifically, but that some fundamental certainties about science are also being called into question. Maybe you used to have a “crazy uncle” at family gatherings who couldn’t help but talk about his conspiracy theories and who thought he knew better than 90% of the world’s scientists when it came to vaccines. Now it feels like there’s no longer any shame in thinking you know better than the accumulated scientific knowledge on the subject. What do you think — as a scientist, as someone who has dedicated so many years to studying this and has worked in the field and seen the consequences? How do you cope? What goes through your mind when you see these problems?
Zulma: What a difficult question, Eliezer. Well, I think it is necessary for science, for scientists — for those of us who dedicate ourselves to this — to also analyze why we have arrived at this point. My very personal view is this: in the postmodern world we live in, where many possible versions of truth and reality coexist, phenomena that are far more anecdotal, less common, or associated with very specific groups gain enormous public relevance. I think scientists also need to ask ourselves: how do we read this modern, postmodern world? How do we interpret it scientifically? It also means that, from within science, we need to reassess how we identify particularities when they are relevant to a given phenomenon that can be explained scientifically. And those particularities, even within science, involve uncertainty. Many mistakes were made — yes, I believe, in the past — when, for example, people communicated as if a given intervention worked perfectly, when in fact it doesn’t work perfectly; in, say, 1% of cases it doesn’t work. But that 1% is relevant, and it is important to say so from the very beginning. Efficacy is not 100%. That’s why I mentioned the first dose of the measles vaccine: its efficacy is 92%. Add a second dose, and it becomes 97%. We are confident of that, and it is very important to communicate that confidence precisely as it is. It means that people who do get infected despite being vaccinated are in that 3%, and helping the public understand these scientific subtleties means we have to work harder to make science accessible — to explain those nuances. When someone gets infected despite being vaccinated, that is scientifically explainable. But we need to be capable — I believe — of communicating these details and maintaining hope that this matters; that scientists also need to step into this public space where we are defending a position built the way all knowledge is built: through the scientific method. And, like everything, we need to earn our place there — in a more widespread, social way, through new technologies — helping people understand the difference between knowledge constructed scientifically versus anecdotally. And I believe that requires a great deal of patience, and that we must not lose our faith, our hope, or our commitment to keep moving in that direction.
Eliezer: Zulma, thank you so much for taking the time to speak with us.
Zulma: Thank you, Eliezer — it was a pleasure.
Jesus Delgadillo: This episode was produced by me, Jesus Delgadillo. It was edited by Daniela Cruzat and Eliezer. Data verification was done by Desirée Yépez. Sound design is by Elías González, and the music is by him and Rémy Lozano.
The rest of the El Hilo team includes Samantha Proaño, Franklin Villavicencio, Lisa Cerda, Diego Corzo, Natalia Ramírez, Paola Alean, Camilo Jiménez Santofimio, Elsa Liliana Ulloa, and Daniel Alarcón. Carolina Guerrero is the CEO of Radio Ambulante Studios. Our theme music was composed by Pauchi Sasaki.
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