Keiko Fujimori
Alberto Fujimori
Perú
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Keiko Fujimori asumió como presidenta de Perú después de toda una vida intentando construir una carrera propia como heredera de un apellido que cambió la historia del país, y que sigue siendo repudiado y reivindicado. En los últimos veinte años, la hija mayor de Alberto Fujimori ha sido una presencia constante en la política peruana: perdió tres elecciones presidenciales, estuvo en la cárcel por el financiamiento de sus campañas y su partido es inseparable de algunas de las crisis y problemas institucionales que ahora deberá enfrentar como mandataria. En este episodio conversamos con la periodista y abogada Rosa María Palacios y el politólogo y escritor José Alejandro Godoy para tratar de entender quién es Keiko Fujimori más allá de su apellido y de su obsesión por llegar a la presidencia, y qué representa hoy el fujimorismo para la sociedad peruana.
Créditos:
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Producción
Jesús Delgadillo -
Edición
Eliezer Budasoff, Daniela Cruzat -
Verificación de datos
Bruno Scelza -
Producción digital
Samantha Proaño, Franklin Villavicencio, Diego Corzo -
Diseño de sonido y mezcla
Elías González -
Música
Elías González, Rémy Lozano -
Tema musical
Pauchi Sasaki -
Fotografía
Getty Images / Connie France
Transcripciones:
Transcripción:
Eliezer: Bienvenidos a El hilo, un podcast de Radio Ambulante Studios. Soy Eliezer Budasoff.
Para un sector de la sociedad peruana, el régimen de Alberto Fujimori representó una especie de falso dilema entre democracia y eficiencia que hoy suena muy familiar: su golpe contra el poder legislativo y el poder judicial, el uso de la fuerza del Estado contra la población, las matanzas y abusos que ejecutó su gobierno en la década del 90, son justificados por el fujimorismo como condiciones necesarias para resolver las crisis que azotaban al país.
Este es, a grandes rasgos, el discurso que ha mantenido Keiko Fujimori, su hija mayor, que se acaba de convertir en presidenta del Perú. Es una de las pocas certezas que se pueden decir sobre ella. También podemos afirmar esto: que prácticamente toda su vida adulta, desde que sus padres se divorciaron y ella ocupó el lugar de primera dama, a sus 19 años, ha estado detrás del poder. Fue candidata por primera vez hace 20 años, cuando se postuló como congresista. Es el único cargo electivo que ha tenido hasta este año, en 2026, cuando ganó la presidencia por medio punto, después de haber perdido las elecciones en tres oportunidades.
Uno podría pensar que la heredera de Alberto Fujimori terminó gobernando porque le llegó la hora: porque consiguió aguantar hasta que el discurso del fujimorismo volvió a coincidir con el espíritu de la época. Pero las cosas son más complicadas: Keiko ha sido una figura determinante en la vida política del Perú de las últimas dos décadas, y su partido es inseparable de algunas de las crisis y problemas institucionales que ella tiene que resolver ahora, como mandataria.
Esta semana, hablamos con la periodista y abogada peruana Rosa María Palacios y con el politólogo y escritor José Alejandro Godoy, para tratar de entender quién es Keiko Fujimori más allá de su apellido y de la obsesión por llegar a la presidencia, y qué representa hoy el fujimorismo para la sociedad peruana.
Es 14 de agosto de 2026.
Hacemos una pausa y volvemos.
Eliezer: Estamos de vuelta en El hilo.
Eliezer: Nos gustaría empezar por algo que desde afuera resulta extraño cuando uno intenta entender a la nueva presidenta del Perú. Porque todo el mundo parece saber quién es Keiko Fujimori y qué representa, pero al mismo tiempo da la impresión de que sabemos muy poco de ella, como si fuera una especie de caballo de Troya, una figura dentro de la cual le caben muchas cosas. Entonces, para empezar, nos gustaría saber para ti qué ha representado la figura de Keiko Fujimori en la política peruana de los últimos 20 años. O sea, ¿cuánto poder o influencia ha tenido como lideresa política en la vida democrática contemporánea del país?
Rosa María Palacios: Keiko Fujimori es una mujer que estuvo en la escena pública desde los 15 años. Siempre ha tenido una cámara adelante. Pero como parte de una cultura ─ella viene de una familia de tradiciones japonesas─, siempre ha sido una persona muy discreta. Pero las actitudes de Keiko Fujimori respecto de una serie de eventos familiares han sido muy públicas y muy criticadas. Tan es así que el año pasado, como parte de su campaña, ella decide trabajar en lo que ella narra como sus confesiones.
Archivo de audio, Keiko Fujimori: Bienvenidos a este primer episodio de Konfesiones. Muchos piensan que yo planifiqué y mi única ambición era participar en política, pero no es así.
Rosa María: Hace una serie de videos donde ella trata de explicar al público ─en realidad trata de cambiar la narrativa─, de una serie de episodios familiares por los cuales fue tremendamente criticada.
Archivo de audio, Keiko Fujimori: Alrededor de todo esto se han contado muchas leyendas y varias mentiras.
Rosa María: Por ejemplo, abandonar a su madre. Negarse a que su padre fuera indultado. Perseguir a su hermano por haber logrado este indulto, haber llevado a su hermano a la expulsión del Congreso, haberlo hecho procesar penalmente.
Archivo de audio, Keiko Fujimori: La política nos rompió, nos rompió como familia.
Rosa María: Entonces, ella necesitaba contar esa otra historia de sí misma, pero con tan mala fortuna que los videos no fueron muy populares, porque parte de lo que contaba estaba ilustrado con imágenes de inteligencia artificial. Entonces, el producto era completamente falso. Ese es el problema con Keiko Fujimori. Saber la verdad es muy difícil. Porque ha sido muchos personajes a lo largo de todos estos años. Hay la Keiko de Harvard, que va, da una charla en 2015 en la Universidad de Harvard y habla de derechos humanos, habla de la Comisión de la Verdad. Hay la Keiko que va a asambleas de evangélicos donde firma anuncios en defensa de la familia. Hay la Keiko que, en esta campaña se pelea con su hija, que públicamente la contradice y le dice: “Mira, mamá, si a mí me embarazan después de una violación, yo aborto”. Entonces, hay muchas Keikos, y es muy difícil saber con cuál estamos hablando.
Eliezer: Más adelante vamos a hablar de varios de los temas que acaba de mencionar Rosa María, pero nos parece importante empezar por acá, por este punto: es muy difícil saber de qué Keiko Fujimori estamos hablando. Su nombre es una presencia constante en la política peruana de las últimas dos décadas, pero su rol y su impostura han ido mutando. Su historia es también la historia de una familia y su relación con el poder, sus lealtades y rupturas. Por eso hablamos también con José Alejandro Godoy, politólogo y académico que ha escrito distintos trabajos sobre la vida y el gobierno de Alberto Fujimori, sobre sus herederos y su legado.
Eliezer: José Alejandro, si tuvieras que explicar quién era Keiko Fujimori antes de entrar en la política electoral ¿Por dónde empezarías? O sea, ¿crees que hay algún o algunos episodios puntuales de su historia familiar que nos ayuden a entender quién es?
José Alejandro Godoy: Yo te diría que hay varios. Uno, primero, es el hecho de que ella, a diferencia de sus padres, hijos de inmigrantes japoneses que se hacen de abajo, y que van escalando paulatinamente dentro la sociedad peruana, ella más bien está en un hogar mucho más acomodado. Su padre era profesor universitario en una universidad pública, luego llega a ser rector de la Universidad Nacional Agraria La Molina por cinco años. Y su madre, Susana Higuchi, era una ingeniera civil que se dedicaba a hacer construcción de viviendas en la zona este de Lima, una zona muy acomodada. Y básicamente, ese negocio de índole familiar era el que permitía que la familia pudiera estar en una buena posición económica, ¿no? Lo que eufemísticamente nosotros en el Perú llamamos clase media-alta.
Eliezer: Susana Higuchi, en esencia, fue la que financió la primera campaña de su marido, Alberto Fujimori: un ingeniero agrónomo casi desconocido, que se presentó a las elecciones de Perú en 1990 con un movimiento que había fundado hacía menos de un año. Fujimori ganó la presidencia en segunda vuelta, y la vida de su familia y del país cambiaron radicalmente.
Archivo de audio, Presentadora, CVN1: Los peruanos han elegido a un político extranjero para sacar a su nación del caos económico. Alberto Fujimori llegó al poder ayer con un fuerte respaldo de los pobres peruanos. El exprofesor universitario derrotó al novelista conocido internacionalmente, Mario Vargas Llosa, en las elecciones presidenciales del domingo.
Eliezer: Cuando su padre se convirtió en presidente, Keiko, la mayor de los cuatro hijos, tenía 15 años de edad. A pesar de los esfuerzos por mostrarse como una familia ideal, el matrimonio Fujimori-Higuchi se empezó a fracturar de forma gradual pero evidente. La pelea matrimonial encarnaba discrepancias políticas y acaparó el escenario público de la época.
José Alejandro: De hecho, en el año 92, Susana Higuchi acusa a sus cuñados y a sus concuñados de quedarse con ropa donada desde Japón. Y luego, en el año 94, Susana Higuchi va dando declaraciones muy críticas con el gobierno de su esposo.
Archivo de audio, Susana Higuchi, 1994: Que como ciudadana me siento en la obligación moral de hacer frente a tanto abuso, tanta corrupción, tantas mentiras.
José Alejandro: Luego, en un momento dado, va incluso a aludir supuestos maltratos físicos y hasta acusaciones de tortura. Y en medio de todo esto, Fujimori públicamente dice que se va a divorciar.
Archivo de audio, Alberto Fujimori, 1994: No se puede ceder al chantaje ni a la intimidación, vengan de donde vengan. He decidido, por ello, separar a mi esposa de la función de primera dama.
José Alejandro: Keiko Fujimori, al mismo tiempo que ya está haciendo estudios universitarios de Administración de Empresas en los Estados Unidos, va a ejercer el cargo de primera dama durante los seis años siguientes del gobierno de su padre.
Eliezer: Este momento se considera el mito fundacional de Keiko Fujimori como figura de la política peruana. A los 19 años, en medio de la separación pública de sus padres, después de las denuncias de su madre, Keiko asume el papel de primera dama y empieza a aparecer del brazo de su padre en cumbres internacionales con otros jefes de estado y sus esposas. Para entonces, 1994, Alberto Fujimori ya llevaba cuatro años en el poder, ya había disuelto el Congreso, había intervenido el poder judicial, y ya se habían ejecutado las masacres de civiles por las cuales sería juzgado y condenado.
Rosa María: Creo que es una persona que ha luchado por el poder toda su vida, desde que fue primera dama. Ella, en el único momento en que creo que no quiso tener un espacio en el poder, fue en la época en la que su padre vivió en el Japón.
Eliezer: El régimen de Alberto Fujimori duró aproximadamente una década. A finales del año 2000, acorralado por escándalos de corrupción, acusaciones de fraude electoral y crímenes de lesa humanidad, Fujimori huyó de Perú hacia Japón con el pretexto de asistir a una cumbre en Asia.
Archivo de audio, Keiko Fujimori: Recuerdo que mi padre había participado en la cumbre de APEC y luego me llamó desde el Japón y me dice: He decidido renunciar a la presidencia.
Desde Tokio, Fujimori dejó su cargo por fax y se quedó viviendo ahí, al amparo de su ciudadanía japonesa, fuera del alcance de la justicia peruana. Pero no pudo aguantar mucho tiempo: cinco años más tarde viajaría a Chile con la intención de volver a hacer política. Para entonces, Perú ya se encontraba dividido entre quienes clamaban por su regreso y quienes exigían justicia por sus crímenes.
Archivo de audio, Presentadora, Canal 9: El expresidente del Perú fue detenido por Interpol en el Hotel Marriott de Santiago. Sobre el exmandatario pesa un pedido de extradición solicitado por Perú por los delitos de asociación ilícita para delinquir, falsedad ideológica, homicidio calificado, lesiones graves y desaparición forzada de personas, entre otros cargos.
Rosa María: En ese momento, lo que sabemos es que el padre le dice: “Tienes que entrar a la política para que desde una fuerza política me rescates de la cárcel”.
Eliezer: En 2006, Keiko se postuló como candidata al Congreso y ganó. Desde entonces hasta este año, en que fue elegida como presidenta, ese fue el único cargo público que había tenido por elección popular.
Rosa María: Keiko Fujimori no tiene experiencia de gobierno.
José Alejandro: Entonces ella comienza como la heredera entronizada de Alberto Fujimori, se vuelve entonces, no solamente la vocera de la bancada presidencial, sino también la vocera de la familia. Y de hecho, el desempeño de ella como parlamentaria es más recordado por cimentar la imagen de Fuerza Popular antes que por algún proyecto de ley o iniciativa que se haya convertido en ley.
Eliezer: Fuerza Popular es el partido que Keiko Fujimori creó en 2010 y que desde entonces ha sido la principal expresión política del fujimorismo. Con ese partido, que primero tuvo un nombre distinto, Keiko se presentó como candidata a presidenta en 2011, en 2016, en 2021, y finalmente este año, en 2026, cuando ganó las elecciones por menos de medio punto porcentual.
Hacemos una pausa y volvemos.
Eliezer: Estamos de vuelta en El hilo.
Eliezer: En casi tres décadas, el fujimorismo pasó de describir un gobierno y una época específicas a convertirse en una forma de hacer política, de gobernar y de entender a la sociedad peruana. Sabemos que es un fenómeno complejo también, pero ¿cómo definirías qué es el fujimorismo hoy? ¿Cuáles son sus rasgos más reconocibles y hasta qué punto Keiko encarna ese legado o lo ha transformado?
Rosa María: Mira, el fujimorismo hoy es un movimiento, básicamente, en lo que se entiende de derecha en el Perú, pero con unas notas muy especiales, porque no es una derecha liberal en lo económico, es una derecha mercantilista, es una derecha populista. Es una derecha que quiere repartir beneficios, que quiere tener clientela.
José Alejandro: A ver, de un lado hay una reivindicación de lo que se hace en el gobierno de la década de 1990.
Eliezer: Esto es, sobre todo, los dos elementos que repiten quienes reivindican lo que hizo Alberto Fujimori, los logros elementales que atribuyen a su gobierno: la derrota del grupo terrorista Sendero Luminoso y la estabilización de la economía.
Archivo de audio, Keiko Fujimori: Mi padre trajo orden, trajo crecimiento económico y convirtió al Estado peruano en un Estado presente, que trabajó por los sectores más populares de nuestro país.
José Alejandro: Entonces, cuando hablamos de esta herencia de los 90, también es la idea de no condenar abiertamente el golpe de Alberto Fujimori el 5 de abril de 1992.
Archivo de audio, Alberto Fujimori, 1992: Que he decidido tomar las siguientes trascendentales medidas. Primero, disolver, disolver temporalmente el Congreso de la República hasta la aprobación de una nueva estructura orgánica del Poder Legislativo
José Alejandro: O sea, ellos lo colocan como: esa fue una medida excepcional, no la volveremos a repetir, pero hay que entender el contexto de su tiempo. No hay una condena explícita o una misión explícita de que eso fue un golpe de Estado. Yo te diría que ese es un primer cimiento del fujimorismo. Hay uno segundo que es esta cercanía, que se ha ido reduciendo en los últimos años, con grupos conservadores. Keiko Fujimori sí ha continuado con un discurso conservador en materias valorativas.
Archivo de audio, Keiko Fujimori, 2016: Yo no estoy a favor de la unión civil ni de la adopción de niños por personas del mismo sexo. Y también estoy en contra del aborto.
José Alejandro: No tiene ninguna de esas banderas, si quieres llamarlo más progresistas o liberales, ¿no? Yo te diría que un segundo cimiento del fujimorismo va por ahí. Y uno tercero es el tema de la mano dura frente al tema de la delincuencia. Keiko Fujimori se vende como que ella va a repetir un poco lo que hizo el padre para enfrentar el terrorismo.
Archivo de audio, Keiko Fujimori, Exitosa, 2026: Nosotros lo que proponemos es mano dura, absoluta decisión para controlar las fronteras, recuperar el control de las cárceles, que los presos y los internos trabajen por su comida, volver a tener jueces sin rostro.
José Alejandro: Y eso supone de alguna u otra manera, que algunos teman que repita también la idea de escuadrones de la muerte, como el Grupo Colina, o que ella pueda, aprovechar esta mano dura contra la delincuencia para reprimir opositores.
Eliezer: El Grupo Colina fue un organización clandestina militar que llevó a cabo asesinatos y desapariciones durante el gobierno de Alberto Fujimori, como La Matanza de Barrios Altos y La Masacre de La Cantuta. A lo largo de su mandato llevó a cabo una guerra sucia marcada por la persecución, vigilancia e incluso ejecuciones de profesores, estudiantes, campesinos y opositores políticos.
Eliezer: Desde lejos, uno tiene la tentación de pensar que Keiko Fujimori terminó llegando a la presidencia porque es una figura que siguió estando ahí, ¿no? Es como la que quedó en pie. En un país donde los partidos prácticamente no existen, los liderazgos son cada vez más efímeros. Ella sobrevivió a tres derrotas presidenciales. Ganó en el cuarto intento. Pero lo hizo con un margen muy pequeño y a pesar de que el antifujimorismo se había convertido en uno de los principales movimientos políticos del país, ¿no? ¿Fuerza Popular tiene hoy una base social real? ¿Hay personas que creen en algún tipo de proyecto político o la supervivencia depende más de redes clientelares y alianzas con poderes locales?
José Alejandro: Yo te diría que hay un poco de ambos. O sea, Fuerza Popular, si tú lo ubicaras en términos comparados con otros partidos de la región, sería un partido mediano. Un partido que pasa el 10 %, pero que no llega al 20 % de intención de voto en una primera vuelta y que en otro país, ese partido no tendría chance de gobernar, sino más bien de ser una fuerza parlamentaria importante. Ahora, sí tienen una conexión clientelar muy fuerte, con ciertos sectores desde la época de Alberto Fujimori. Pero al mismo tiempo no es que tengan una gran movilización de masas. Es decir, el fujimorismo nunca ha destacado por poner una gran manifestación en la calle a favor suyo, sino que más bien ahí al revés, ¿no? Ha sido el antifujimorismo el que más bien ha puesto manifestaciones en la calle, en contra de Keiko Fujimori.
Archivo de audio, manifestante: O sea, no, no puede ser que estemos peleando por lo mismo ahora, va a regresar toda esa basura.
Archivo de audio, manifestante: Después de lavarse la cara durante varios años como lo que realmente es: una fuerza que está agazapada para recuperar el poder completamente.
Archivo de audio, manifestantes: No más Keiko, no más Keiko…
Rosa María: Yo te voy a contar algo que es un poco difícil de entender. Seguir la política peruana es muy fácil. ¿Por qué? Porque cambian los colores, cambian los membretes, cambian las camisetas, pero son los mismos políticos que se reacomodan en torno al poder. Entonces, hoy Keiko Fujimori puede tener una base amplia porque está en el poder. El día que no esté en el poder, todos esos van a desaparecer. Ha constituido un gabinete con tres ministros que son presidentes de otros partidos. Uno expresidente y otros dos contendores que compitieron en primera vuelta contra ella. El resto son ministros de otros gobiernos, de otros gabinetes, adversarios, personas que tienen decenas de quotes agrediendo a Keiko Fujimori o a su padre. Entonces, es la política del acomodo. No es una base fervorosa. El padre sí tuvo, yo creo, un pueblo que lo apoyó. Pero Keiko Fujimori hoy lo que tiene es Lima, básicamente Lima, niveles socioeconómicos altos y alguna base popular, yo te diría, en el norte del Perú, pero en el sur no la quieren nada. Y hay una razón que tiene que ver con graves violaciones a derechos humanos.
Eliezer: Durante el gobierno de Alberto Fujimori, como contábamos antes, el Estado utilizó sus aparatos de inteligencia y las fuerzas de seguridad para perseguir a quienes consideraba una amenaza, especialmente en algunas regiones del sur de Perú. Pero esa no fue la única forma de violencia. En 1996, por ejemplo, bajo la figura de un programa de planificación familiar, el gobierno puso en marcha un plan de esterilización forzada que afectó a miles de mujeres y hombres de los sectores más vulnerables del país.
Eliezer: Recién hablabas de algo que nos hemos preguntado y también aquellos que seguimos las elecciones anteriores, digamos. ¿Cuál ha sido el papel de las élites del país en la llegada de Keiko Fujimori a la presidencia?
Rosa María: Bueno, evidentemente a las élites del país les interesa una opción de derecha, pero no era su candidata. El candidato era Rafael López Aliaga.
Eliezer: Rafael López Aliaga es empresario y uno de los principales referentes de la nueva derecha peruana. Saltó a la política nacional con un discurso ultraconservador y de mano dura. En 2022 ganó la alcaldía de Lima y en 2025 renunció para iniciar su candidatura presidencial.
Rosa María: Que pierde la primera vuelta y alega un fraude que no existió, salvo en su imaginación. Es el candidato más fuerte que gana en Lima, además. En la primera vuelta gana y arrasa en Lima. El Perú es un país muy centralista. Las élites viven en Lima, el poder está en Lima y acá todo sucede en Lima. Pero el asunto es que Lima votó por Rafael López Aliaga, masivamente, no por ella. ¿Por qué? Porque Lima no es que sea entusiasta de López Aliaga, es enemiga de la izquierda. Una opción de izquierda, que reproduzca a Pedro Castillo era un horror. Entonces, Roberto Sánchez, que queda segundo, era esa opción. Y López Aliaga le vendió a la élite peruana ese mensaje, que fue muy fuerte: Keiko nunca le va a ganar a nadie en una segunda vuelta. Ya lo probó tres veces. El único que le gana a la izquierda soy yo. Por eso es que para Keiko ha sido difícil la primera vuelta, porque López Aliaga le quitó toda la votación. Y toda la votación de López Aliaga, íntegra, se va para Keiko Fujimori en segunda vuelta.
Eliezer: La carrera política de Keiko no solo ha estado marcada por el rechazo y la reivindicación del legado de su padre, sino también por escándalos judiciales de su propia cosecha. Durante años, la Fiscalía la acusó de utilizar aportes recibidos en sus campañas de 2011 y 2016 para lavar activos, un proceso que la llevó a la cárcel en tres ocasiones. A principios de este año, Keiko fue sobreseída de forma definitiva y el caso terminó de archivarse en junio, unos 10 días después de que ganara la presidencia. Pero incluso sin una condena, la trama alimentó la asociación que existe en parte de la memoria colectiva entre el fujimorismo y la corrupción.
Eliezer: Ahora, en términos de poderes fácticos, yo no lo sé realmente. ¿Keiko Fujimori está asociada a alguno de los capitales más potentes del país? O en términos de, mafia, si quieres, pero simplemente si es vinculada con, no sé, con la tala ilegal, con los capitales que también mueven dinero, digamos.
Rosa María: Hay que ir por partes. La investigación de la cual ella se libra, y se libra bien, porque eso no era lavado de activos, sí probó los circuitos de financiamiento ilegal que ella recibía para su partido, tanto en la campaña del 2006 como la del 2011, como la del 2016. Y esos circuitos ilegales pasaban, básicamente, por grandes compañías peruanas. Por ejemplo, por el Banco de Crédito, que le entregaba maletines con dinero. Eso en el Perú, en ese momento, no era ilegal y por eso ella se libra de la cárcel, finalmente, y de la condena. Pero que no sea delito, no significa que no nos hayamos enterado de cuáles son los circuitos. Es decir, Keiko Fujimori ha sido capaz de reclutar fondos para sus campañas dentro del empresariado peruano, sin duda. Eso es lo primero. Lo segundo, la minería ilegal en el Perú mueve millones. Cada vez es una industria mucho más activa, que tiene congresistas que trabajan para la minería ilegal, sin duda. Por varias razones, porque, a ver, tenemos leyes que prorrogan situaciones de informalidad que no han sido derogadas por un congreso que el fujimorismo ha dominado durante cinco años. Que esos intereses se vinculen a las campañas de Keiko Fujimori, yo no lo dudaría, porque son intereses que han encontrado un favorecimiento, son una clientela. Eso por dos lados. Y luego tienes el tema de los militares, que yo sí creo que es un poder fáctico que hay que prestarle atención. En el Perú, las fuerzas armadas son muy queridas, son muy respetadas, pero todo el mundo entiende que las fuerzas armadas, en el conflicto armado interno entre 1980 y el 2000, cometieron severas violaciones a los derechos humanos, como dijo la Comisión de la Verdad, en algunos momentos y en algunos lugares fue sistemático. Por lo tanto, son crímenes de lesa humanidad. Hay un congresista, que llegó a ser presidente del Congreso fujimorista. Ha logrado pasar por lo menos seis proyectos de ley para que los crímenes de lesa humanidad prescriban, para redefinir qué cosa es un crimen de lesa humanidad, para hacer imposible perseguir un delito anterior al año 2000 y así por lo menos seis piezas legislativas en búsqueda de la impunidad. La última es hacer que los militares y policías sean juzgados en la justicia militar-policial, en un fuero privativo y no en la justicia ordinaria. Esa relación, tan estrecha con las Fuerzas Armadas y policiales, a mí me preocupa, porque me recuerda a la forma en la que gobernó su padre. Su padre no formó un partido político, cambiaba de partido en cada elección, no lo necesitaba, su partido era la Fuerza Armada. Y eso le hizo un daño inmenso a la Fuerza Armada, porque la corrompió. Y le hizo un daño inmenso a la política peruana.
Eliezer: Perú ha vivido la última década una crisis institucional marcada por la confrontación entre el Congreso y el Ejecutivo. Va más allá de la última década, ¿no? Pero se ha visto claramente desde afuera, ¿no? Presidentes destituidos, vacancias, gobiernos que no consiguen consolidarse. Ahora Keiko está del otro lado, ¿no? Es presidenta y tiene que gobernar dentro de ese sistema. Y hay una paradoja de la que tú hablaste al principio de esta entrevista, pero has hablado antes. Algunas de las reglas y precedentes que su partido impulsó para limitar a sus rivales, ahora podrían entorpecer a su gestión. ¿Crees que la llegada de Keiko pueda cerrar el ciclo de inestabilidad y consolidar su poder o que se va a quedar atrapada por las mismas reglas que ella ayudó a crear?
Rosa María: Mira, las reglas son estas hoy. Para vacar a un presidente de la República ─cosa que en el Perú somos expertos─, necesitas 87 votos en la Cámara de Diputados y 40 en la Cámara de Senadores. Hemos regresado a la bicameralidad la semana pasada, después de 30 años. El problema es que Keiko sí tiene la posibilidad por sí sola de resistir. ¿Por qué? Porque tiene 21 votos en la Cámara de Senadores. Con 21, los otros tienen 39 aunque se unan. Entonces, ella sola, ese es su tapón, vacarla es muy difícil. Pero en el Perú todo se compra y todo se vende. Entonces, este es un entrampamiento bien serio por un problema de diseño, que además se refleja en la correlación de fuerzas actual. Si Keiko Fujimori hubiera tenido una mayoría en Diputados y una mayoría holgada en Senadores, no tendríamos el problema, pero no la tiene. Y eso refleja un país que no la eligió masivamente en la primera vuelta, a pesar de haber estado en el poder indirectamente en los últimos 10 años, porque ha gobernado desde el Congreso, eso es una gran verdad.
Eliezer: Rosa María enumera las caídas de presidentes con las que estuvo vinculado su partido, Fuerza Popular, desde 2016, cuando Pedro Pablo Kuczynski le ganó la presidencia a Keiko, pero ella controlaba una bancada que tenía mayoría absoluta en el Congreso, más de la mitad de la cámara.
Rosa María: No lo dejó gobernar y no paró hasta que lo forzó a renunciar. Y luego la meten presa. Y luego sale y no paró hasta que destituyeran a Vizcarra. Y luego no paró hasta que destituyeran a Castillo. Entonces, parte de las vacancias que hemos tenido en el Perú han sido su responsabilidad. Esa es una gran verdad. Evidentemente, ahora no se lo pueden hacer a ella porque no dan los números y ella tampoco puede disolver la Cámara de Diputados, que era el temor, que los disuelva. No, no puede, porque cambió las normas y las cambió, de nuevo, con la bendición de un tribunal constitucional que aceptó una inconstitucionalidad. Reglas que ella hizo, que ahora la atrapan. No puede disolver el Congreso, tiene que vivir con este Congreso y el Congreso tiene que vivir con ella, porque tampoco la puede sacar.
Eliezer: Keiko llega al poder en un momento en que varios países de la región están girando hacia gobiernos de derecha o ultraderecha. Prometen mano dura, orden, una mayor concentración del poder. Su padre fue, en muchos sentidos, un precursor de alguna de esas fórmulas, ¿no? A veces incluso se le presenta como el antecedente más claro de lo que hoy es Bukele. Ahora, ¿cuánto hay de esa nueva derecha latinoamericana en la Keiko de hoy? ¿Cuánto de lo que estamos viendo en realidad es algo específicamente peruano que solo coincide con ese fenómeno en algunos puntos?
José Alejandro: A ver, yo te diría que es un punto intermedio entre ambas cosas. En mi último libro, La tentación autocrática, precisamente lo que menciono al final del texto es que Keiko Fujimori está muy condicionada por el escenario internacional. Es un escenario internacional menos proclive a defender democracia, a defender derechos humanos, y en donde, a diferencia de lo que ocurrió con su padre, que de alguna u otra manera estuvo constreñido por un escenario internacional distinto, propio del final de la Guerra Fría, en donde estos dos temas eran muy impulsados desde los Estados Unidos, desde la Unión Europea, desde Japón, desde Canadá. Hoy en día, para la principal potencia mundial, esto no es de interés. Keiko Fujimori, en las últimas semanas sí ha tenido pronunciamientos en materia internacional, van a buscar evidentemente una buena relación con Trump. Pero no van a dejar de ver a China. O sea, finalmente, Alberto Fujimori fue el que metió al Perú en APEC. Entonces, el espacio del Asia Pacífico es algo que Keiko Fujimori va a buscar aprovechar. Y claro, también va a depender un poco del curso que vaya a ocurrir en los Estados Unidos en los próximos meses y años, ¿no? Las elecciones de medio término de noviembre y evidentemente la elección del 2028, que pueda abrir un ciclo distinto al que tenemos hoy en la región. Ahora, dicho todo esto, el fujimorismo también es un fenómeno muy peruano. Porque en América Latina no hemos tenido casi casos de hijos de líderes autoritarios candidateando con éxito. Creo que el único es el caso de Omar Torrijos en Panamá. Pero Martín Torrijos, si bien podía reivindicar algunas cosas del legado del padre, no reivindicaba la parte autoritaria de su progenitor. En cambio, Keiko Fujimori sí reivindica a Alberto Fujimori hasta el día de hoy. En eso sí es una cuestión bien particular o bien peculiar que tengamos esta suerte de liderazgo familiar dinástico en donde la hija termina sucediendo al padre, ¿no? O sea, quizás Marine Le Pen sea el ejemplo más célebre o más famoso a nivel global. Pero claro, Marine Le Pen todavía no ha ganado una elección.
Eliezer: Hacemos una última pausa y volvemos.
Eliezer: Estamos de vuelta en El hilo.
Eliezer: ¿Cuáles dirías que son hoy los desafíos más urgentes que tiene el Perú? ¿Y cuáles crees que son los principales riesgos que encarna el gobierno de Fujimori?
José Alejandro: Hay un fenómeno de El Niño que ya se está sintiendo. De hecho, en Lima estamos teniendo temperaturas que tranquilamente tenemos en enero o en marzo. Y eso tiene distinto tipo de afectaciones. Afectaciones a infraestructura urbana, a viviendas, y hasta pérdida de vidas. En segundo lugar, hay una afectación de corte económico. Impacto muy fuerte en el tema de la pesca. Hay un impacto en la agricultura y, por consiguiente, eso genera un reto para Keiko Fujimori, que es el tema económico, porque de un lado tiene que destinar fondos para enfrentar el fenómeno de El Niño, pero al mismo tiempo, la aprobación de normas que han perforado la caja fiscal, que han aumentado el gasto público, requiere que ella también tenga la necesidad de hacer cierto ajuste en el gasto, hasta cierto punto.
Eliezer: Y te preguntaba por los riesgos también que encarna el gobierno de Fujimori.
José Alejandro: Un primer riesgo, que es probablemente para muchos y sobre todo en las élites más liberales o más progresistas, es el que más alerta, es la idea de reescribir la historia, ¿no? La idea de que de alguna u otra manera el legado de los años noventa y el propio legado de Keiko Fujimori en los últimos 10 años, una oposición que por ratos ha obstruido presidentes, o ha vacado presidentes, o que ha dado normas a favor de la criminalidad, o que han roto la caja fiscal, o sus silencios en materia de violaciones a los derechos humanos durante el gobierno de Boluarte, todo eso se pueda borrar. Que de alguna u otra manera entre una suerte de edulcoramiento de los aspectos negativos de la década de 1990 y de edulcoramiento del comportamiento político Keiko Fujimori. Uno segundo tiene que ver con cómo se va a manejar Keiko Fujimori en materia de institucionalidad y en materia de derechos humanos, que fueron, pues, los dos grandes problemas del gobierno de su padre en la década de 1990 en Perú y que también han sido problemas que ella no ha podido resolver, debido a que ha buscado la interrupción de los gobiernos elegidos, tanto en el 2016 como en el 2021.
Eliezer: Esto lo que mencionaba Rosa María sobre el rol que ha tenido Keiko Fujimori a través del Congreso en la última década: Fuerza Popular se empeñó en hacer caer a los presidentes que le habían ganado el control del ejecutivo.
José Alejandro: ¿Cómo se va a manejar en sus relaciones con las otras bancadas que no son la suya? ¿Cómo de alguna u otra manera no va a entrar o sí en venganzas contra jueces, fiscales y otro tipo de personalidades que se hayan opuesto a ella? Hay algunos periodistas que ya están temiendo, también, por restricciones a la libertad de expresión o por autocensuras, en algunos medios, que van a preferir estar cerca del fujimorismo para que no gane la izquierda en el año 2031. Entonces, creo que las complejidades alrededor de Keiko Fujimori van por ahí. Y una tercera tendría que ver con cómo va a enfrentar conflictividad social, si es que ella va a ejercer una cuestión de mucho mayor diálogo o si va a optar por la misma mano dura que tuvo Boluarte y que tuvo Jerí en esa materia, con el consciente costo en vidas humanas que puede suponer. Y esta segunda posibilidad es alentada por estas normas pro impunidad de militares y de policías que se han delineado en los últimos años, desde el año 2024 para adelante.
Eliezer: Rosa María, para terminar, todavía es demasiado pronto para saber qué clase de presidenta va a ser Keiko. Pero hay decisiones, hay nombramientos, hay señales que pueden darnos un indicio. Me gustaría saber a dónde estás mirando tú en estos primeros días. O sea, ¿y qué tendría que pasar para que, no sé, dentro de un año, por ejemplo, podamos decir que Keiko está construyendo un gobierno distinto al que muchos esperaban o que simplemente es una especie de profecía autocumplida?
Rosa María: Mira, en lo que es economía, decisiones que corresponden al ministro de Economía están dando pasos muy audaces. Él se ha nombrado un directorio que quiere hacer una reestructuración en serio. Con objetivos muy claros: reducir la pobreza al 15 % en cinco años, que me parece un objetivo clarísimo. Pero Luis Galarreta, que es el que maneja el Consejo de Ministros, ha preferido un gabinete de amigos políticos, pero que están, básicamente, para sobar a Keiko Fujimori, para decirle que es linda.
Eliezer: Además, 15 de los 19 ministros que apuntó Keiko Fujimori tienen antecedentes judiciales.
Rosa María: Y ella, en su primera intervención para hablarnos al país a través de un Facebook Live, porque quiere ser muy moderna en su comunicación, de lo que más se ocupa durante cinco largos minutos es de su ropa, de lo que se puso para 28 de julio y para el día siguiente y quién se lo hizo y qué es el canje.
Archivo de audio, Keiko Fujimori: El vestido azul cruzado que utilicé para la juramentación me lo hizo Patricia Musiris, de Moda y Compañía.
Rosa María: Yo dije: “Se volvió influencer”. Yo estoy seguro que a la gente le encanta escucharlo, pero no es lo que esperas de una estadista. Ese es el problema. Se tiene que comportar como una estadista.
Eliezer: Y tu mayor preocupación en este momento, pasa por esta relación con las Fuerzas Armadas y por su modo de enfrentar la inseguridad.
Rosa María: A ver, hay algunas coincidencias. ¿Qué ha pasado en el Perú en los últimos cuatro años? El Congreso, en el ánimo de salvar su propio pellejo en el sistema penal, ha comenzado a aprobar una serie de leyes muy beneficiosas para los criminales. Yo sé que puede parecer increíble, pero en el Perú se llaman las “leyes pro crimen”. Entonces, por ejemplo, una escucha telefónica no puede durar más de dos meses, lo cual es un desastre, ¿no es cierto? La colaboración eficaz, está muy acotada, la prescripción se ha acelerado. Es decir, todo es en favor del delincuente. Entonces, al mismo tiempo que se han ido dando estas leyes, hoy tenemos una ola de criminalidad, que es el problema número uno de los peruanos. Los peruanos no iban a votar por alguien que no ofreciera quitarles la criminalidad cotidiana con la que viven. Y tenemos, lamentablemente, una epidemia de extorsión en el Perú. Que afecta a miles de pequeños negocios familiares: la bodeguita de la esquina, la ferretería, la peluquería. Afecta de una manera muy notoria y muy violenta al transporte público de pasajeros, que en el Perú es informal. Estas son bandas delincuenciales que exigen cupos a gente que no es rica, son trabajadores pobres de clase media-baja. Le sacan el equivalente, no sé, a 10 dólares, por día, por bus. Y esto ha generado resistencia y la resistencia se está pagando con la muerte.
Eliezer: A principios del año pasado, después del asesinato de un conocido cantante de cumbia, publicamos un episodio sobre la epidemia de extorsiones que atraviesa Perú. Para entonces ya se reportaba que, por ejemplo, 450 colegios habían recibido extorsiones y hasta hubo ataques con granadas en recintos públicos. La crisis de inseguridad no ha mejorado. En lo que va de este año se han registrado más de mil homicidios y hasta 10 mil denuncias por extorsión.
Rosa María: Esto es lo que genera una demanda real de la gente, una demanda muy sentida. Y las respuestas de Keiko Fujimori no han sido las respuestas que creo que todos esperábamos, porque ha ofrecido algo que es muy popular: vamos a militarizar todo.
Archivo de audio, Keiko Fujimori: Allí donde el crimen organizado, el narcotráfico, la minería ilegal hayan arrebatado el control al Estado, haremos uso de todas las herramientas que la Constitución pone a disposición del Gobierno. Durante los estados de emergencia, las Fuerzas Armadas asumirán temporalmente el liderazgo de las operaciones de seguridad y del control interno.
Rosa María: Y le hemos contestado muchos: en el Perú ya hemos militarizado todo varias veces. Los estados de emergencia y el control militar no funcionan, porque estas bandas se vencen con inteligencia policial. Los resultados, además, han sido nefastos. Porque cuando Dina Boluarte mandó al ejército a controlar la ciudad de Huamanga, salieron los militares y dispararon a matar. Y ahí tuvimos de los primeros 10 muertos, de los 50 de Dina Boluarte.
Eliezer: Y que no es que la gente que protesta en Huamanga es la que está extorsionando a los ciudadanos de Lima.
Rosa María: No, no, no, no. No son delincuentes. Ya se le ha explicado a Keiko Fujimori que tú no le puedes declarar la guerra a nada, porque la guerra termina con los civiles. Y tenemos una demanda por justicia en el Perú vigente. Yo siempre le digo a los que me dicen: “¿Pero por qué esa gente odia tanto?” No, no, el amor nunca muere. Esa gente está defendiendo el recuerdo del familiar que le mataron. Y no van a parar de protestar nunca mientras tengan vida. Ese es el problema que tienen que entender en el Perú. Keiko Fujimori terminó su mensaje del 28 de julio gritando: “¡Viva la reconciliación!” Pero no dijo con quién. Entonces, estamos todos esperando que nos diga con quién se va a reconciliar, porque no sabemos con quién. Ojalá que pronto nos diga.
Jesús Delgadillo: Este episodio fue producido por mí, Jesús Delgadillo. Lo editaron Eliezer y Daniela Cruzat. Bruno Scelza hizo la verificación de datos. El diseño de sonido y la música son de Elías González.
El equipo de producción de El hilo está formado también por Samantha Proaño y Franklin Villavicencio, con el arte y diseño de Diego Corzo. El resto del equipo incluye a Natalia Ramírez, Paola Alean, Camilo Jiménez Santofimio, Elsa Liliana Ulloa, Silvia Viñas y Daniel Alarcón. Carolina Guerrero es la CEO de Radio Ambulante Studios. Nuestro tema musical lo compuso Pauchi Sasaki.
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Transcript:
The following English translation was generated with the assistance of artificial intelligence and has been reviewed and edited by our team for accuracy and clarity.
Eliezer: Welcome to El hilo, a podcast from Radio Ambulante Studios. I’m Eliezer Budasoff.
For a segment of Peruvian society, Alberto Fujimori’s regime represented a kind of false dilemma between democracy and efficiency that sounds very familiar today: his coup against the legislative and judicial branches, the state’s use of force against the population, the killings and abuses his government carried out in the 1990s — all of it justified by Fujimorismo as necessary conditions for resolving the crises battering the country.
This is, broadly speaking, the narrative that Keiko Fujimori, his eldest daughter, has maintained — and she has just become president of Peru. It’s one of the few certainties we can state about her. We can also say this: that for nearly her entire adult life, since her parents divorced and she took the place of first lady at 19, she has been behind the levers of power. She first ran for office 20 years ago, as a candidate for Congress. Until this year — 2026, when she won the presidency by half a point after losing three previous elections — that was the only elected position she had ever held.
One might think that Alberto Fujimori’s heir ended up governing simply because her moment finally came: because she managed to hold on until Fujimorismo’s message lined up again with the spirit of the times. But things are more complicated than that. Keiko has been a decisive figure in Peru’s political life for the last two decades, and her party is inseparable from some of the very crises and institutional problems she now has to solve as head of state.
This week, we spoke with Peruvian journalist and lawyer Rosa María Palacios and political scientist and writer José Alejandro Godoy, to try to understand who Keiko Fujimori is beyond her last name and her drive to reach the presidency — and what Fujimorismo means today for Peruvian society.
It’s August 14, 2026.
We’ll be back after a break.
Eliezer: We’re back on El hilo.
Eliezer: We’d like to start with something that seems strange from the outside when you try to understand Peru’s new president. Because everyone seems to know who Keiko Fujimori is and what she represents, but at the same time, it feels like we know very little about her — as if she were a kind of Trojan horse, a figure that can hold many things inside her. So, to start, we’d like to know: what has the figure of Keiko Fujimori represented in Peruvian politics over the last 20 years? In other words, how much power or influence has she had as a political leader in the country’s contemporary democratic life?
Rosa María Palacios: Keiko Fujimori is a woman who’s been in the public eye since she was 15. There’s always been a camera in front of her. But as part of a culture — she comes from a family with Japanese traditions — she’s always been a very private person. Still, Keiko Fujimori’s conduct around a series of family events has been very public, and very criticized. So much so that last year, as part of her campaign, she decided to work on what she calls her confessions.
Audio clip, Keiko Fujimori: Welcome to this first episode of Konfesiones. Many people think I planned this, that my only ambition was to go into politics, but that’s not the case.
Rosa María: She made a series of videos where she tries to explain to the public — really, tries to change the narrative — around a string of family episodes for which she was heavily criticized.
Audio clip, Keiko Fujimori: A lot of legends and quite a few lies have been told about all of this.
Rosa María: For example, abandoning her mother. Refusing to let her father be pardoned. Going after her brother for securing that pardon, pushing to get her brother expelled from Congress, having him criminally prosecuted.
Audio clip, Keiko Fujimori: Politics broke us. It broke us as a family.
Rosa María: So she needed to tell that other story about herself — but with such bad luck that the videos weren’t very popular, because part of what she described was illustrated with AI-generated images. So the whole product came off as completely fake. That’s the problem with Keiko Fujimori: knowing the truth is very hard, because she’s been many different characters over the years. There’s the Harvard Keiko, who gave a talk in 2015 at Harvard University and speaks about human rights, about the Truth Commission. There’s the Keiko who goes to evangelical assemblies and signs pledges in defense of the family. There’s the Keiko who, during this campaign, clashes with her own daughter, who publicly contradicts her and tells her: “Look, mom, if I got pregnant after a rape, I would have an abortion.” So there are many Keikos, and it’s very hard to know which one you’re talking to.
Eliezer: Later on we’ll get into several of the topics Rosa María just raised, but we think it’s important to start here, with this point: it’s genuinely hard to know which Keiko Fujimori we’re talking about. Her name has been a constant presence in Peruvian politics for the last two decades, but her role — and her persona — have kept shifting. Her story is also the story of a family and its relationship with power, its loyalties and its ruptures. That’s why we also spoke with José Alejandro Godoy, a political scientist and academic who has written extensively about the life and government of Alberto Fujimori, about his heirs, and about his legacy.
Eliezer: José Alejandro, if you had to explain who Keiko Fujimori was before she entered electoral politics, where would you start? I mean, do you think there are specific episodes in her family history that help us understand who she is?
José Alejandro Godoy: I’d say there are several. First, there’s the fact that, unlike her parents — children of Japanese immigrants who built themselves up from nothing and gradually climbed within Peruvian society — she grew up in a much more comfortable home. Her father was a university professor at a public university, and later became rector of the National Agrarian University La Molina for five years. Her mother, Susana Higuchi, was a civil engineer who worked in home construction in the eastern part of Lima, a very well-off area. And basically, that family business is what allowed the family to be in a good economic position — what we in Peru euphemistically call the upper middle class.
Eliezer: Susana Higuchi, in essence, was the one who financed her husband’s first campaign. Alberto Fujimori was an almost unknown agricultural engineer who ran in Peru’s 1990 election with a movement he’d founded less than a year earlier. Fujimori won the presidency in a runoff, and his family’s life — and the country’s — changed radically.
Audio host, News anchor, CVN1: Peruvians have elected a political outsider to pull their nation out of economic chaos. Alberto Fujimori came to power yesterday with strong support from the country’s poor. The former university professor defeated the internationally known novelist Mario Vargas Llosa in Sunday’s presidential election.
Eliezer: When her father became president, Keiko, the eldest of four children, was 15 years old. Despite efforts to present themselves as an ideal family, the Fujimori-Higuchi marriage began to fracture gradually but visibly. The marital conflict embodied political disagreements and dominated the public stage of the era.
José Alejandro: In fact, in 1992, Susana Higuchi accused her in-laws of keeping clothing donated from Japan for themselves. Then, in 1994, she began making very critical statements about her husband’s government.
Audio host, Susana Higuchi, 1994: As a citizen, I feel a moral obligation to stand up to so much abuse, so much corruption, so many lies.
José Alejandro: Later on, at a certain point, she even alludes to alleged physical mistreatment, and even accusations of torture. And in the middle of all this, Fujimori publicly announces he’s getting a divorce.
Audio host, Alberto Fujimori, 1994: One cannot give in to blackmail or intimidation, no matter where it comes from. I have therefore decided to remove my wife from the role of first lady.
José Alejandro: Keiko Fujimori, while already pursuing a business administration degree in the United States, took on the role of first lady for the remaining six years of her father’s government.
Eliezer: This moment is considered the founding myth of Keiko Fujimori as a figure in Peruvian politics. At 19, amid her parents’ public separation and following her mother’s accusations, Keiko takes on the role of first lady and begins appearing on her father’s arm at international summits, alongside other heads of state and their spouses. By then, 1994, Alberto Fujimori had already been in power for four years — he had already dissolved Congress, intervened in the judiciary, and already carried out the massacres of civilians for which he would later be tried and convicted.
Rosa María: I think she’s a person who has fought for power her whole life, ever since she was first lady. The only time I think she didn’t want a place in power was during the period her father lived in Japan.
Eliezer: Alberto Fujimori’s regime lasted roughly a decade. By the end of 2000, cornered by corruption scandals, accusations of electoral fraud, and crimes against humanity, Fujimori fled Peru for Japan under the pretext of attending a summit in Asia.
Audio host, Keiko Fujimori: I remember my father had gone to the APEC summit, and then he called me from Japan and said: I’ve decided to resign the presidency.
From Tokyo, Fujimori resigned his post by fax and stayed there, shielded by his Japanese citizenship, beyond the reach of Peruvian justice. But he couldn’t hold out for long: five years later he would travel to Chile intending to reenter politics. By then, Peru was already split between those calling for his return and those demanding justice for his crimes.
Audio host, News anchor, Channel 9: Peru’s former president was detained by Interpol at the Marriott Hotel in Santiago. The former head of state faces an extradition request from Peru on charges including criminal conspiracy, falsification of documents, aggravated homicide, serious injury, and forced disappearance, among other counts.
Rosa María: What we know is that, at that point, her father tells her: “You have to go into politics so that, from a position of political power, you can get me out of prison.”
Eliezer: In 2006, Keiko ran for Congress and won. From then until this year, when she was elected president, that was the only public office she had ever held by popular vote.
Rosa María: Keiko Fujimori has no governing experience.
José Alejandro: So she starts out as Alberto Fujimori’s enthroned heir, and becomes not only the spokesperson for the presidential bloc, but also the spokesperson for the family. And in fact, her performance as a member of Congress is remembered more for cementing the image of Fuerza Popular than for any bill or initiative that actually became law.
Eliezer: Fuerza Popular is the party Keiko Fujimori founded in 2010, and since then it has been the main political expression of Fujimorismo. Under that party — which first had a different name — Keiko ran for president in 2011, in 2016, in 2021, and finally this year, in 2026, when she won the election by less than half a percentage point.
We’ll be back after a break.
Eliezer: We’re back on El hilo.
Eliezer: Over nearly three decades, Fujimorismo went from describing a specific government and era to becoming a whole way of doing politics, of governing, and of understanding Peruvian society. We know it’s also a complex phenomenon, but how would you define what Fujimorismo is today? What are its most recognizable traits, and to what extent does Keiko embody that legacy — or has she transformed it?
Rosa María: Look, Fujimorismo today is a movement that basically falls within what’s understood as the right in Peru, but with some very particular features, because it’s not an economically liberal right — it’s a mercantilist right, a populist right. It’s a right that wants to hand out benefits, that wants to build a clientele.
José Alejandro: Well, on one hand, there’s a defense of what was done during the government of the 1990s.
Eliezer: This comes down, above all, to the two things that people who defend Alberto Fujimori’s record keep repeating — the basic achievements they credit to his government: the defeat of the Shining Path terrorist group, and the stabilization of the economy.
Audio host, Keiko Fujimori: My father brought order, brought economic growth, and turned the Peruvian state into a present state — one that worked for the country’s most working-class sectors.
José Alejandro: So when we talk about this inheritance from the ’90s, it also includes not openly condemning Alberto Fujimori’s coup on April 5, 1992.
Audio host, Alberto Fujimori, 1992: I have decided to take the following far-reaching measures. First, to dissolve — to temporarily dissolve — Congress until a new organizational structure for the legislative branch is approved.
José Alejandro: In other words, they frame it as: that was an exceptional measure, we won’t repeat it, but you have to understand the context of the time. There’s no explicit condemnation, no explicit acknowledgment that it was a coup. I’d say that’s one of the first pillars of Fujimorismo. There’s a second one: its closeness — which has faded somewhat in recent years — with conservative groups. Keiko Fujimori has indeed kept up a conservative discourse on social issues.
Audio host, Keiko Fujimori, 2016: I am not in favor of civil unions, nor of adoption by same-sex couples. And I’m also against abortion.
José Alejandro: She doesn’t carry any of those banners you might call more progressive or liberal. I’d say that’s the second pillar of Fujimorismo. And a third is the get-tough approach to crime. Keiko Fujimori sells herself as someone who will repeat, to some degree, what her father did to confront terrorism.
Audio host, Keiko Fujimori, Exitosa, 2026: What we’re proposing is a firm hand — an absolute commitment to controlling the borders, taking back control of the prisons, having inmates work for their food, and bringing back faceless judges.
José Alejandro: And that raises the fear, for some, that she might also revive the idea of death squads, like the Colina Group, or that she could use this crackdown on crime to repress political opponents.
Eliezer: The Colina Group was a clandestine military organization that carried out killings and disappearances during Alberto Fujimori’s government, including the Barrios Altos massacre and the La Cantuta massacre. Throughout his term, it waged a dirty war marked by persecution, surveillance, and even the execution of teachers, students, peasants, and political opponents.
Eliezer: From the outside, it’s tempting to think that Keiko Fujimori ended up reaching the presidency simply because she was a figure who stuck around, right? Like the last one standing. In a country where parties barely exist and leaderships grow more and more short-lived, she survived three presidential defeats and won on her fourth attempt. But she did it by a very thin margin, and despite the fact that anti-Fujimorismo had become one of the country’s leading political movements. Does Fuerza Popular have a real social base today? Are there people who believe in some kind of political project, or does its survival depend more on patronage networks and alliances with local power brokers?
José Alejandro: I’d say it’s a bit of both. I mean, if you placed Fuerza Popular alongside other parties in the region, it would be a mid-sized party — one that clears 10% but doesn’t reach 20% of voting intention in a first round, and that in another country wouldn’t stand a chance of governing, but would rather be a significant force in parliament. Now, they do have a very strong patronage-based connection with certain sectors dating back to Alberto Fujimori’s era. But at the same time, they don’t have a large mass mobilization behind them. In fact, Fujimorismo has never been known for putting large demonstrations of support into the streets — if anything, it’s been the opposite. It’s anti-Fujimorismo that has repeatedly brought people out to protest against Keiko Fujimori.
Audio clip, protester: I mean, there’s no way we can be fighting over the same thing again — all that garbage is going to come back.
Audio clip, protester: After years of cleaning up her image, she’s still what she really is: a force lying in wait to fully reclaim power.
Audio clip, protesters: No more Keiko, no more Keiko…
Rosa María: I’ll tell you something that’s a little hard to grasp. Following Peruvian politics is actually very easy. Why? Because the colors change, the party letterheads change, the T-shirts change, but it’s the same politicians rearranging themselves around power. So today Keiko Fujimori can have a broad base because she’s in power. The day she’s no longer in power, all of that will disappear. She’s put together a cabinet with three ministers who are the heads of other parties — one former president, and two other contenders who ran against her in the first round. The rest are ministers from other governments, other cabinets — rivals, people with dozens of on-the-record attacks against Keiko Fujimori or her father. So this is the politics of accommodation. It’s not a fervent base. Her father did have, I believe, a genuine popular following. But what Keiko Fujimori has today is Lima — basically Lima, upper socioeconomic levels, and some popular support, I’d say, in the north of Peru. In the south, though, she’s not wanted at all. And there’s a reason for that, tied to serious human rights violations.
Eliezer: During Alberto Fujimori’s government, as we mentioned earlier, the state used its intelligence apparatus and security forces to pursue anyone it considered a threat, especially in parts of southern Peru. But that wasn’t the only form of violence. In 1996, for example, under the guise of a family-planning program, the government launched a forced-sterilization campaign that affected thousands of women and men from the country’s most vulnerable sectors.
Eliezer: You just touched on something we — and others who’ve followed previous elections — have wondered about. What role have the country’s elites played in Keiko Fujimori’s rise to the presidency?
Rosa María: Well, obviously the country’s elites want a right-wing option, but she wasn’t their candidate. Their candidate was Rafael López Aliaga.
Eliezer: Rafael López Aliaga is a businessman and one of the leading figures of Peru’s new right. He broke into national politics with an ultraconservative, hardline message. In 2022 he won the mayorship of Lima, and in 2025 he resigned to launch his presidential bid.
Rosa María: He loses the first round and claims a fraud that didn’t exist — except in his imagination. He’s the strongest candidate, and he wins in Lima, by a landslide, in the first round. Peru is a very centralist country. The elites live in Lima, power is in Lima, everything happens here in Lima. But the thing is, Lima voted for Rafael López Aliaga, overwhelmingly — not for her. Why? Because it’s not that Lima is enthusiastic about López Aliaga — it’s that Lima is anti-left. A left-wing option that echoed Pedro Castillo was a nightmare for them. And Roberto Sánchez, who came in second, was that option. López Aliaga sold the Peruvian elite a very powerful message: Keiko will never beat anyone in a runoff — she’s already proven that three times. I’m the only one who can beat the left. That’s why the first round was so hard for Keiko: López Aliaga took away her votes. And then, in the runoff, every single one of López Aliaga’s votes went to Keiko Fujimori.
Eliezer: Keiko’s political career has not only been marked by rejecting and reclaiming her father’s legacy — it’s also been marked by legal scandals entirely of her own making. For years, prosecutors accused her of using campaign contributions from her 2011 and 2016 runs to launder money, a case that sent her to jail three separate times. Earlier this year, the case against Keiko was permanently dismissed, and the file was formally closed in June — about 10 days after she won the presidency. But even without a conviction, the saga fed the association that persists, in part of the collective memory, between Fujimorismo and corruption.
Eliezer: Now, in terms of the powers that actually run things behind the scenes — I honestly don’t know. Is Keiko Fujimori tied to any of the country’s biggest concentrations of capital? Or, in mafia terms, if you will — is she connected, say, to illegal logging, to the kind of money that also moves in those circles?
Rosa María: Let’s take this piece by piece. The investigation she was cleared of — and cleared of fairly, because that specific charge, money laundering, didn’t hold up — did prove the illegal financing networks she received for her party, in the 2006, 2011, and 2016 campaigns alike. And those illegal channels ran, basically, through major Peruvian companies. For example, through Banco de Crédito, which handed her briefcases full of cash. At the time, that wasn’t actually illegal in Peru, which is why she was ultimately cleared, both of jail time and of a conviction. But the fact that it wasn’t a crime doesn’t mean we don’t know what those channels were. In other words, Keiko Fujimori has clearly been able to raise campaign funds from within Peru’s business class. That’s the first thing. Second, illegal mining in Peru moves millions of dollars. It’s an increasingly active industry, one with members of Congress who work on its behalf, no doubt about it — for various reasons, because, well, we have laws extending informal mining arrangements that haven’t been repealed by a Congress that Fujimorismo has controlled for five years. Would I doubt that those interests are tied to Keiko Fujimori’s campaigns? No — because these are interests that have found favorable treatment; they’re a clientele. That covers two angles. And then there’s the military, which I do think is a real power behind the scenes that deserves attention. In Peru, the armed forces are deeply loved and deeply respected, but everyone understands that during the internal armed conflict between 1980 and 2000, the armed forces committed severe human rights violations — which, as the Truth Commission found, were, at times and in certain places, systematic — which makes them crimes against humanity. There’s a congressman who went on to become president of the Fujimorista Congress. He has managed to push through at least six bills aimed at letting crimes against humanity expire under the statute of limitations, at redefining what counts as a crime against humanity, at making it impossible to prosecute anything that happened before the year 2000 — at least six pieces of legislation, all in pursuit of impunity. The latest one would have the military and police tried in a separate military-police justice system, rather than in ordinary courts. That close relationship with the armed forces and the police worries me, because it reminds me of the way her father governed. Her father never built a political party — he switched parties every election, he didn’t need one. His party was the armed forces. And that did enormous damage to the armed forces, because it corrupted them. And it did enormous damage to Peruvian politics.
Eliezer: Peru has spent the last decade in an institutional crisis marked by confrontation between Congress and the executive branch. It goes back further than the last decade, of course, but it’s been especially visible from the outside — presidents removed from office, vacancies, governments unable to consolidate power. Now Keiko is on the other side of that equation. She’s president, and she has to govern within that same system. And there’s a paradox you touched on at the start of this conversation, and have talked about before: some of the rules and precedents her own party pushed through to limit her rivals could now get in the way of her own government. Do you think Keiko’s arrival could close this cycle of instability and consolidate her power — or that she’ll end up trapped by the very rules she helped create?
Rosa María: Look, here are the rules today. To remove a president from office — something we’re experts at in Peru — you need 87 votes in the Chamber of Deputies and 40 in the Chamber of Senators. We went back to a bicameral system just last week, after 30 years. The problem is that Keiko, on her own, has the power to hold the line. Why? Because she has 21 votes in the Senate. With her 21, the rest only have 39 even if they all join together. So she alone is the firewall — removing her would be very difficult. But in Peru, everything is for sale, everything can be bought. So this is a serious bind, rooted in a design flaw, one that’s also reflected in the current balance of forces. If Keiko Fujimori had won a majority in the Chamber of Deputies and a comfortable majority in the Senate, we wouldn’t have this problem — but she doesn’t have that. And that reflects a country that didn’t elect her by a wide margin in the first round, even though she has effectively held power indirectly for the last 10 years, governing from Congress. That’s an important truth.
Eliezer: Rosa María lists off the presidential ousters her party, Fuerza Popular, has been tied to since 2016, when Pedro Pablo Kuczynski beat Keiko for the presidency — but she controlled a bloc that held an absolute majority in Congress, more than half the chamber.
Rosa María: She wouldn’t let him govern, and she didn’t stop until she forced him to resign. Then they threw her in jail. Then she got out, and she didn’t stop until Vizcarra was removed. Then she didn’t stop until Castillo was removed. So part of the vacancies Peru has gone through are, in fact, her doing. That’s an important truth. Obviously, now they can’t do the same to her, because the numbers aren’t there, and she can’t dissolve the Chamber of Deputies either — which was the fear that she’d dissolve it. No, she can’t, because she changed the rules — and changed them again, with the blessing of a constitutional court that signed off on something unconstitutional. Rules she herself made are now the ones trapping her. She can’t dissolve Congress; she has to live with this Congress, and Congress has to live with her, because it can’t remove her either.
Eliezer: Keiko is coming to power at a moment when several countries in the region are shifting toward right-wing or far-right governments, promising a firm hand, order, and a greater concentration of power. Her father was, in many ways, a forerunner of some of those formulas — he’s sometimes even described as the clearest precursor to what Bukele represents today. So how much of that new Latin American right is there in today’s Keiko? And how much of what we’re seeing is actually something specifically Peruvian that only happens to overlap with that broader phenomenon at certain points?
José Alejandro: Well, I’d say it’s somewhere in between. In my latest book, The Autocratic Temptation, what I argue at the very end is that Keiko Fujimori is heavily shaped by the international landscape. It’s a global environment that’s much less inclined to defend democracy or human rights — unlike what happened with her father, who was, in one way or another, constrained by a different international landscape, one shaped by the end of the Cold War, when those two issues were strongly pushed by the United States, the European Union, Japan, and Canada. Today, for the world’s leading power, that’s simply not a priority. Keiko Fujimori has made some statements on international matters in recent weeks — she’s clearly going to seek a good relationship with Trump. But she’s not going to stop looking toward China either. After all, it was Alberto Fujimori who brought Peru into APEC. So the Asia-Pacific space is something Keiko Fujimori will look to take advantage of. And of course, a lot will also depend on how things play out in the United States in the coming months and years — the midterm elections in November, and obviously the 2028 election, which could open up a different cycle from the one we’re in today in the region. Now, having said all that, Fujimorismo is also a very Peruvian phenomenon. Because in Latin America, we’ve barely seen cases of the children of authoritarian leaders running successfully for office. I think the only one is Omar Torrijos’s case in Panama. But Martín Torrijos, while he could claim parts of his father’s legacy, never embraced his father’s authoritarian side. Keiko Fujimori, by contrast, still embraces Alberto Fujimori to this day. In that sense, it really is a distinctive, even peculiar thing that we have this kind of family political dynasty, where the daughter ends up succeeding the father. I mean, maybe Marine Le Pen is the most famous example globally. But of course, Marine Le Pen hasn’t won an election yet.
Eliezer: We’ll take one last break and be right back.
Eliezer: We’re back on El hilo.
Eliezer: What would you say are Peru’s most urgent challenges today? And what do you think are the main risks embodied by the Fujimori government?
José Alejandro: There’s an El Niño phenomenon that’s already being felt. In Lima, in fact, we’re seeing temperatures we’d normally get in January or March. And that brings different kinds of consequences — damage to urban infrastructure, to housing, even loss of life. Second, there’s an economic impact. A very strong hit to the fishing industry. There’s an impact on agriculture, and as a result, that creates a real challenge for Keiko Fujimori on the economic front, because on one hand she has to allocate funds to deal with El Niño, but at the same time, laws that have punched holes in the treasury and driven up public spending mean she also needs to make certain spending adjustments, to some degree.
Eliezer: And I was also asking about the risks embodied by the Fujimori government.
José Alejandro: A first risk — probably the one that alarms many people the most, especially among more liberal or progressive elites — is the idea of rewriting history. The idea that, one way or another, the legacy of the 1990s, and Keiko Fujimori’s own legacy over the last 10 years — an opposition that has, at times, obstructed presidents, or removed them, or passed laws favorable to crime, or blown holes in the treasury, or stayed silent on human rights violations during Boluarte’s government — that all of that could be erased. That somehow we could end up with a kind of whitewashing of the negative sides of the 1990s, and a whitewashing of Keiko Fujimori’s own political conduct. A second risk has to do with how Keiko Fujimori is going to handle questions of institutional integrity and human rights — which were, after all, the two great failures of her father’s government in the 1990s, and problems she herself hasn’t been able to resolve either, given that she has repeatedly sought to interrupt elected governments, both in 2016 and in 2021.
Eliezer: This is what Rosa María was getting at earlier, about the role Keiko Fujimori has played through Congress over the last decade: Fuerza Popular made it its mission to bring down presidents who had beaten her for control of the executive branch.
José Alejandro: How is she going to manage her relationships with the other blocs in Congress, the ones that aren’t hers? Is she, one way or another, going to go after — or hold back from going after — judges, prosecutors, and other figures who opposed her? Some journalists are already worried, too, about restrictions on freedom of expression, or about self-censorship at some outlets that would rather stay close to Fujimorismo so the left doesn’t win in 2031. So I think that’s where the complexities around Keiko Fujimori lie. And a third has to do with how she’ll handle social conflict — whether she’ll pursue something with much more dialogue, or whether she’ll opt for the same iron-fisted approach that Boluarte and Jerí took on that front, with the human cost in lives that could come with it. And that second possibility is encouraged by these pro-impunity rules for the military and police that have been taking shape in recent years, from 2024 onward.
Eliezer: Rosa María, to close, it’s still too early to know what kind of president Keiko will be. But there are decisions, appointments, signals that can give us a hint. I’d like to know where you’re looking in these first few days. What would have to happen for us to be able to say, say, a year from now, that Keiko is building a government different from what many expected — or that this is simply a kind of self-fulfilling prophecy?
Rosa María: Look, on the economic front, the decisions coming from the Ministry of Economy have been quite bold. The minister has appointed a board that wants to carry out a serious restructuring, with very clear goals — cutting poverty to 15% within five years, which strikes me as an extremely clear target. But Luis Galarreta, who runs the Council of Ministers, has instead put together a cabinet of political friends who are basically there to flatter Keiko Fujimori, to tell her she’s wonderful.
Eliezer: What’s more, 15 of the 19 ministers Keiko Fujimori appointed have judicial records.
Rosa María: And in her first address to the country, on a Facebook Live — because she wants to seem very modern in how she communicates — what she spent most of her five long minutes on was her clothes: what she wore for July 28th and the day after, who made it for her, and what the deal was.
Audio clip, Keiko Fujimori: The blue wrap dress I wore for the swearing-in was made for me by Patricia Musiris, of Moda y Compañía.
Rosa María: I said to myself: “She’s turned into an influencer.” I’m sure people love hearing about it, but it’s not what you expect from a stateswoman. That’s the problem. She has to act like a stateswoman.
Eliezer: And your biggest concern right now has to do with her relationship with the armed forces, and how she plans to confront insecurity.
Rosa María: Well, there are some troubling coincidences here. What’s happened in Peru over the last four years? Congress, trying to save its own skin within the criminal justice system, has been passing a series of laws that are extremely favorable to criminals. I know it sounds hard to believe, but in Peru they’re literally called the “pro-crime laws.” So, for example, a wiretap can’t last more than two months, which is a disaster, right? Plea-bargain cooperation has been severely limited, statutes of limitations have been shortened. In other words, everything favors the criminal. And at the same time these laws were being passed, we now have a wave of crime, which is Peruvians’ number one problem. Peruvians were never going to vote for someone who didn’t offer to take away the everyday crime they live with. And unfortunately, we now have an epidemic of extortion in Peru, one that affects thousands of small family businesses — the corner store, the hardware shop, the hair salon. It hits public transportation especially hard, and very violently, since transportation in Peru is largely informal. These are criminal gangs demanding protection payments from people who aren’t rich — poor, lower-middle-class workers. They take the equivalent of, I don’t know, 10 dollars a day, per bus. And this has generated resistance — and that resistance is being paid for with people’s lives.
Eliezer: Early last year, after the killing of a well-known cumbia singer, we published an episode about the extortion epidemic sweeping through Peru. At that point, it was already being reported that, for example, 450 schools had received extortion threats, and there had even been grenade attacks on public buildings. The security crisis hasn’t improved. So far this year, more than a thousand homicides and up to 10,000 extortion complaints have been recorded.
Rosa María: This is what’s generating a real demand from the public, a deeply felt demand. And Keiko Fujimori’s responses haven’t been the responses I think all of us expected, because what she’s offered is something very popular: we’re going to militarize everything.
Audio host, Keiko Fujimori: Wherever organized crime, drug trafficking, or illegal mining have wrested control away from the state, we will use every tool the Constitution puts at the government’s disposal. During states of emergency, the armed forces will temporarily take the lead on security operations and internal control.
Rosa María: And many of us have pushed back: in Peru, we’ve already militarized everything, several times over. States of emergency and military control don’t work, because these gangs are defeated with police intelligence, not with the army. And the results, besides, have been disastrous. Because when Dina Boluarte sent the army to control the city of Huamanga, the soldiers went out and shot to kill. And that’s where we got the first 10 deaths of the 50 under Dina Boluarte.
Eliezer: And it’s not as if the people protesting in Huamanga are the ones extorting residents of Lima.
Rosa María: No, no, no, no. They’re not criminals. Keiko Fujimori has already been told that you can’t declare war on anything, because war ends up killing civilians. And there’s a demand for justice in Peru that is still very much alive. I always tell people who ask me, “But why do these people hate so much?” No — love never dies. Those people are defending the memory of the family member who was killed. And they will never stop protesting as long as they’re alive. That’s the thing people in Peru need to understand. Keiko Fujimori ended her July 28th address shouting: “Long live reconciliation!” But she didn’t say with whom. So we’re all still waiting for her to tell us who she plans to reconcile with, because we don’t know. Hopefully she’ll tell us soon.
Jesús Delgadillo: This episode was produced by me, Jesús Delgadillo. It was edited by Eliezer and Daniela Cruzat. Bruno Scelza did the fact-checking. Sound design and music by Elías González.
El hilo’s production team also includes Samantha Proaño and Franklin Villavicencio, with art and design by Diego Corzo. The rest of the team includes Natalia Ramírez, Paola Alean, Camilo Jiménez Santofimio, Elsa Liliana Ulloa, Silvia Viñas, and Daniel Alarcón. Carolina Guerrero is the CEO of Radio Ambulante Studios. Our theme music was composed by Pauchi Sasaki.
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